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Salud y Ciencia

Descubrimientos4 min de lectura

Los murciélagos cargan virus sin enfermar: qué los frena

Review en Current Opinion in Virology 2026: en murciélagos pteropódidos hay un factor de restricción nuevo, dominante, que bloquea virus sin inflamar.

Revisión editorial

Revisado por el equipo de revisión de Salud y Ciencia.

Fechas

Publicado
Murciélago frugívoro colgado tranquilo de una rama al atardecer.
Murciélago frugívoro colgado tranquilo de una rama al atardecer.

En resumen4 claves

  1. 01Los murciélagos albergan coronavirus, filovirus y henipavirus que en otros mamíferos son letales, pero rara vez muestran síntomas clínicos: lo explica una primera línea antiviral inusualmente eficaz.
  2. 02Los factores de restricción son proteínas celulares que forman una primera línea de defensa antiviral; en murciélagos aparecen versiones remodeladas (APOBEC3, TRIM, IFITM, tetherin, GBPs) con duplicados y cambios de secuencia.
  3. 03En pteropódidos se ha identificado un factor de restricción todavía sin nombre que actúa como freno dominante sobre la entrada nuclear de ciertos virus, dependiente de la cápside.
  4. 04La inflamación del murciélago es más corta y amortiguada que en ratón o humano, en parte por la presión evolutiva del vuelo, que daña células con cada batida y exige silenciar la respuesta inflamatoria.

Un antiviral que aún no tiene nombre

En 2026, un equipo internacional publicó en Current Opinion in Virology una revisión de los factores de restricción del murciélago, las proteínas celulares que frenan al virus en sus primeros pasos. Lo llamativo no es el catálogo. Es otra cosa: dentro de los pteropódidos (los zorros voladores de Asia, Oceanía y África) hay un factor de restricción que actúa como freno dominante. Depende de la cápside y bloquea la entrada al núcleo de ciertos virus. No tiene nombre todavía. Es, probablemente, una pieza distinta a las que conocemos en ratón o humano.

Este tipo de defensas tempranas se repite dentro de los murciélagos. En el género Myotis, por ejemplo, los telómeros se blindan por una vía que en humanos falla con la edad. El patrón que se repite es un sistema de mantenimiento celular que en otros mamíferos está apagado.

Ese hallazgo no es una curiosidad de laboratorio. Explica por qué estos murciélagos conviven con virus como el Nipah, los Hendra o algunos coronavirus sin mostrar signos clínicos. Y abre una pregunta inversa: si ese mismo factor se rompiera o se volviera menos eficaz, el murciélago podría dejar de ser reservorio silencioso. La pregunta nos toca.

Qué es un factor de restricción y por qué este importa

Los factores de restricción son la primera línea antiviral de cualquier célula. Tetherin impide que las nuevas copias salgan de la célula. IFITM3 bloquea la fusión en la membrana. APOBEC3 degrada el genoma viral. TRIM reorganiza el citoesqueleto para que el virus no se monte.

En el murciélago aparecen copias múltiples, reorganizaciones del locus y variantes con aminoácidos cambiados. Las versiones remodeladas de IFITM3 y tetherin, por ejemplo, cambian su comportamiento según la especie de murciélago: lo que en nosotros frena un virus, en algunos murciélagos permite que pase, y a la inversa. Esa plasticidad, según la revisión de 2026, es lo que permite al murciélago ajustar su defensa al tipo de virus sin abrir una inflamación sistémica.

La estrategia de diversificar y miniaturizar proteínas inmunitarias no es exclusiva de los murciélagos. La evolución la repite en linajes muy distintos cuando el reto es encajar muchas defensas en poco espacio.

Inflamación amortiguada y la paradoja del vuelo

Volar sale caro. Cada ala batida genera radicales libres, calor y microdaños en los músculos y las paredes celulares. Si el murciélago encendiera una respuesta inflamatoria normal cada vez que vuela, su organismo estaría crónicamente enfermo. La evolución tiró hacia un sistema inmune que resuelve la infección con menos ruido molecular.

Esto se nota en las células inmunitarias. Cuando un macrófago humano detecta ARN viral, monta una cascada de citocinas que recluta neutrófilos y produce fiebre. El macrófago de murciélago, según los datos recogidos en la revisión y en estudios previos sobre inflamación en quirópteros, expresa menos inflamasomas NLRP3 y produce menos IL-1β. La respuesta es la misma, pero dosificada: suficiente para frenar al virus, insuficiente para lesionar al huésped. Es lo que los autores llaman tolerancia a la enfermedad, y es donde encaja el factor de pteropódido sin nombre: una pieza más del sistema de freno temprano.

Ese balance entre control y tolerancia también se rompe en otro lado: cuando los linfocitos T llegan agotados al tumor, la respuesta se estanca y la inflamación se cronifica sin avanzar. La diferencia en el murciélago es que el sistema nunca llega a ese atasco.

Organoide pulmonar de murciélago cultivado en placa, con estructuras ramificadas que imitan vías aéreas
En 2025 se publicó el primer organoide pulmonar a partir de Rousettus leschenaultia, un pteropódido: permite estudiar la respuesta antiviral del murciélago sin infectar al animal.

Cómo se comprueba: del genoma al organoide

Hasta hace poco, estudiar el sistema inmune del murciélago dependía de líneas celulares viejas, mantenidas en laboratorio durante décadas, que no representan bien a un animal salvaje. En 2025, un equipo publicó en Scientific Reports el primer organoide pulmonar a partir de tejido de Rousettus leschenaultia (un pteropódido). El cultivo creció estructuras epiteliales con neumocitos tipo II, expuso los receptores ACE2 y TMPRSS2 (las mismas puertas que usa el SARS-CoV-2 en humanos) y respondió a la infección de forma distinta a las líneas celulares tradicionales.

Ese tipo de modelos abre la puerta a dos cosas. Primero, comprobar cómo se comporta el factor sin nombre en tejido real de pteropódido. Segundo, comparar esa respuesta con la de células humanas, para ver qué pieza antiviral está activa en el murciélago y falta, o falla, en nosotros cuando un virus zoonótico cruza la frontera.

Qué puede salir de aquí

El interés no es solo entender al murciélago, sino aprender de él. Si en pteropódidos un factor dependiente de la cápside bloquea la entrada nuclear del virus, una línea de trabajo razonable es buscar en humanos proteínas con función parecida y diseñar fármacos que las potencien. La revisión también apunta a RTP4 y RNF214, presentes en murciélago y humano, como candidatas a explorar.

El segundo beneficio es de vigilancia. Los pteropódidos son reservorios conocidos de henipavirus y coronavirus. Entender por qué están infectados sin enfermar ayuda a predecir cuándo un sublinaje concreto deja de ser estable y se vuelve apto para saltar a otra especie. Es vigilancia genómica, no predicción infalible, pero acota la búsqueda.

Lo que todavía no sabemos

Quedan al menos tres huecos serios. Uno, el factor dominante de pteropódidos todavía no está identificado molecularmente: existe por su efecto, no por su gen. Dos, los organoides de Rousettus son del primer año; hacen falta réplicas y validación con otros pteropódidos antes de extrapolar. Tres, los datos proceden de modelos animales, tejidos en cultivo y, en mucha menor medida, de murciélagos seguidos en su entorno: la confirmación en poblaciones naturales es aún limitada.

La promesa, con todo, está clara. Cada restricción antiviral nueva en murciélago es una pista para fármacos. Y, sobre todo, para entender por qué estos animales son la excepción y nosotros, con su misma bioquímica básica, no lo somos.

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Fuentes

4 referencias
  1. [1]
  2. [2]
    Novel Insights Into Immune Systems of Bats · Frontiers in Immunology · 2020 · doi.org
  3. [3]
  4. [4]

Preguntas frecuentes

5
¿Por qué los murciélagos cargan virus peligrosos y aun así no se ponen enfermos?
Porque su primera línea antiviral, formada por factores de restricción, está más diversificada y es más eficaz que en otros mamíferos. Los reservorios de estos virus rara vez muestran signos de enfermedad, aunque no puede decirse que nunca enfermen.
¿Qué es exactamente un factor de restricción?
Es una proteína codificada por la célula que actúa contra un paso concreto del ciclo del virus: la entrada, la transcripción, el ensamblaje o la salida. Algunos son activables por interferón; otros están siempre activos. En murciélagos existen más copias y más variantes que en ratón o humano.
¿Y qué tiene que ver el vuelo con esto?
Volar consume mucha energía y genera estrés oxidativo y daño tisular. Si cada sesión de vuelo encendiera una respuesta inflamatoria normal, el murciélago se cocinaría a sí mismo. La evolución favoreció sistemas inmunitarios que resuelven la infección sin inflamar demasiado.
¿Se puede usar esto para fabricar nuevos antivirales?
Es lo que proponen los autores: estudiar las versiones remodeladas de IFITM3, tetherin y los factores de restricción de pteropódidos para inspirar fármacos que bloqueen al virus sin desatar inflamación. Hoy no hay ninguno en clínica; son ideas para el laboratorio.
¿Por qué es importante para el riesgo de futuras pandemias?
Porque si el virus logra saltar de murciélago a humano, pierde esa protección celular. Entender qué lo frena en el murciélago ayuda a identificar qué puede fallar (y a vigilar mejor) en otros mamíferos, incluidos nosotros.

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