La larva de la polilla de la cera come bolsas de plástico, y eso no basta
Un estudio de 2017 mostró que la larva de la polilla de la cera digiere polietileno; los trabajos siguientes reducen la velocidad real del proceso.
Revisado por el equipo de revisión de Salud y Ciencia.

En resumen
- En 2017, un equipo publicó en Current Biology que la larva de la polilla de la cera (Galleria mellonella) digiere bolsas de polietileno y produce etilenglicol.
- La velocidad real del proceso es modesta: 0,88 g de poliestireno y 1,95 g de polietileno consumidos por 150 larvas en 21 días, según un estudio de 2020 en Environmental Science & Technology.
- Una revisión de 2026 en Environmental Science and Pollution Research advierte que los datos con macroplásticos no se pueden extrapolar a microplásticos, y que la eficiencia varía según el polímero, la forma y el método de medida.
- Ninguno de los estudios publicados ha medido degradación fuera del laboratorio, ni en plantas de reciclaje, ni en el mar; los resultados son experimentales y de escala pequeña.
Un insecto de panal que muerde bolsas de plástico¶
En 2017, un equipo de la Universidad de Cambridge publicó en Current Biology (Bombelli y cols., 2017) un resultado que se leyó como una promesa: la larva de la polilla de la cera (Galleria mellonella) es capaz de digerir bolsas de plástico. Concretamente, polietileno. El subproducto principal que midieron en las heces fue etilenglicol, una molécula pequeña que se obtiene también al descomponer el plástico a alta temperatura.
Antes de ese trabajo, la idea de que un animal digiriera polietileno parecía absurda. El polietileno es el plástico más producido del mundo: solo él y el polipropileno suman alrededor del 92 % de toda la producción. La mayoría termina en vertederos, en el mar o incinerada. La noticia de 2017, y los artículos de divulgación que vinieron después, encendieron la esperanza de un biodegradador natural y gratuito. Ocho años después, los datos piden cautela.
Qué midió el estudio de 2017 y qué no¶
El grupo de Bombelli recogió larvas de Galleria mellonella de colmenas de apicultura, una plaga bien conocida por los apicultores porque devora la cera de los panales. Las puso en placas con bolsas de polietileno limpias y midió la pérdida de masa de las bolsas en horas y días. También analizaron los residuos: detectaron etilenglicol, la misma molécula que se forma cuando se fabrica PET a partir de etileno.
Lo que el estudio de 2017 no midió: cuánto CO₂ y agua se generaba al final del proceso. Tampoco midió si la degradación era completa, ni si funcionaba con plástico sucio, mezclado con comida, sales o expuesto al sol. La frase «digieren polietileno» se refiere a que el polímero se rompe en trozos más pequeños y aparece etilenglicol, no a que el plástico desaparezca.
«Digieren polietileno» no significa que el plástico se vaya: significa que se rompe en fragmentos más pequeños y aparece etilenglicol. El final del proceso, hasta CO₂ y agua, no se ha medido.
Lo que el trabajo de 2020 añadió (y lo que rebajó)¶
Tres años después, otro grupo (Lou y cols., 2020) quiso saber cuánto plástico se consumía realmente y qué papel jugaba el microbioma intestinal de las larvas. Alimentaron grupos de 150 larvas solo con poliestireno o solo con polietileno, midieron cuánto plástico desaparecía en 21 días y analizaron qué bacterias abundaban en el intestino antes y después.
El resultado principal fue modesto. 0,88 g de poliestireno y 1,95 g de polietileno por grupo de 150 larvas en 21 días. Para ponerlo en contexto: una bolsa de plástico de un supermercado pesa entre 5 y 8 gramos. Y solo si la bolsa está limpia, sola en una placa, y las larvas no tienen otra cosa que comer.
| Aspecto |
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El mismo trabajo añadió otro matiz: al añadir cera de abeja o salvado de trigo, las larvas sobrevivían mejor, pero consumían menos plástico. Ese resultado se observó en condiciones de laboratorio y no permite saber qué ocurriría en el medio natural.
El microbioma de la larva: ¿aliado o espejismo?¶
En 2017 se asumió que las bacterias del intestino de la larva hacían el trabajo. El trabajo de Lou y otros posteriores identificaron géneros recurrentes: Bacillus, Serratia, Enterococcus, Enterobacter. La revisión de 2026 (Iswahyudi y Garfansa, 2026) advierte, sin embargo, que detectar una bacteria asociada al plástico no prueba que lo degrade.
Hay dos pruebas que faltan. La primera: cultivar esas bacterias aisladas con plástico y ver si lo rompen. La segunda: trabajar con larvas estériles, sin microbioma, y comprobar si siguen degradando. Experimentos parciales sugieren que las larvas sin bacterias también pierden algo de peso de plástico, lo que apunta a enzimas propias del insecto. En conjunto, los resultados asocian ciertos taxones con la exposición al plástico, pero no permiten atribuir causalmente la velocidad de degradación a esa asociación. Con la polilla todavía no se puede responder qué parte del proceso corresponde a las bacterias y cuál al propio insecto.
La revisión de 2026: lo que no se había dicho¶
La revisión publicada en Environmental Science and Pollution Research en 2026 (Iswahyudi y Garfansa, 2026) recogió casi una década de trabajos sobre Galleria mellonella y plástico. Sus conclusiones son claras y no se parecen al titular de 2017:
- Los datos con macroplásticos no se pueden extrapolar a microplásticos. La geometría cambia la superficie expuesta, lo que mastica la larva, y la velocidad de degradación aparente.
- Los estudios son de laboratorio. No hay mediciones en plantas de reciclaje, en vertederos ni en el mar.
Por qué el titular de 2017 se leyó como solución y por qué no lo es¶
El salto de «una larva come plástico en una placa» a «la naturaleza va a comerse nuestros residuos» fue de prensa, no de ciencia. El polietileno es un polímero con enlaces carbono-carbono muy estables; romperlo requiere energía o catalizadores potentes.
Hay dos preguntas que todavía no tienen respuesta y que son las importantes para una solución real. Primera: ¿cuánto plástico se puede procesar fuera del laboratorio, mezclado con comida, sales, luz y otros residuos? Segunda: ¿qué se hace con los subproductos (etilenglicol, ácidos grasos, fragmentos más pequeños) que no son el plástico original? Que un material se rompa en trozos más pequeños no significa que desaparezca; a veces solo se vuelve más difícil de recoger.
Tres preguntas para leer el próximo titular sobre un insecto que come plástico¶
Si te encuentras con un titular que dice que un insecto va a resolver el problema del plástico, mira tres cosas. Primera: si el estudio está hecho en laboratorio o en el mundo real. Segunda: cuánto plástico movió por larva y por día. Tercera: qué se hizo con los subproductos. Si falta alguna de las tres, el titular va por delante de la ciencia.
La larva de la polilla de la cera es una herramienta interesante para entender cómo se degrada el polietileno y para descubrir qué enzimas o bacterias podrían usarse en un futuro proceso industrial. Lo que no es, todavía, es una solución al problema de los residuos.
Y los insectos que mejor conocemos por su biología no siempre son los mismos que solucionan nuestros residuos. Lo que se ha visto en el microbioma de la hormiga soldado es un buen ejemplo: un hallazgo de laboratorio que todavía no se traduce en antibiótico de farmacia. La cucaracha que vive días sin cabeza, del mismo modo, cuenta más sobre su sistema nervioso que sobre una posible aplicación industrial.
Fuentes
- Polyethylene bio-degradation by caterpillars of the wax moth Galleria mellonella · Current Biology · 2017 · doi.org
- Biodegradation of Polyethylene and Polystyrene by Greater Wax Moth Larvae (Galleria mellonella L.) and the Effect of Co-diet Supplementation on the Core Gut Microbiome · Environmental Science & Technology · 2020 · doi.org
- Biological degradation of macroplastics and microplastics by greater wax moth larvae (Galleria mellonella): evidence, gut microbiome, and proposed mechanisms · Environmental Science and Pollution Research · 2026 · doi.org

