Saltar al contenido
Salud y Ciencia

Descubrimientos6 min de lectura

Cómo reconstruye el ajolote una pata entera en unos 60 días

Un ajolote amputado reconstruye una pata entera en unos 60 días: tres fases (herida, blastema y paleta) y macrófagos que evitan la cicatriz.

Artículo validado por

Natali González, Médica

Colegio Oficial de Médicos de La Rioja · nº 26/4812791

Fechas

Publicado
Ajolote adulto (Ambystoma mexicanum) fotografiado de lado dentro de un acuario de agua dulce, con sus branquias externas rojas y el cuerpo rosa pálido.
Ajolote adulto (Ambystoma mexicanum) fotografiado de lado dentro de un acuario de agua dulce, con sus branquias externas rojas y el cuerpo rosa pálido.

En resumen5 claves

  1. 01Al ajolote (Ambystoma mexicanum) le basta perder una pata para reconstruirla entera: hueso, músculo, nervios y piel, en unas 8 a 10 semanas en animales juveniles.
  2. 02El proceso tiene tres tiempos bien definidos: cierre de la herida (0-3 días), formación del blastema (4-21 días) y fase de paleta o ‘palette stage’, cuando el esbozo se esculpe (a partir del día 27).
  3. 03El blastema no aparece por arte de magia: depende de macrófagos concretos. Si se agotan, la extremidad se cierra, pero con cicatriz fibrosa, no con extremidad nueva.
  4. 04Hay señales químicas concretas, como el peróxido de hidrógeno y un regulador del epigenoma llamado HDAC1, que marcan los tiempos del proceso. Sin ellas, el blastema se forma antes de tiempo o deformado.
  5. 05En humanos y ratones también hay blastema-like en algunos tejidos (hígado, punta del dedo en niños), pero al sistema inmune no le interesa lo mismo: prefiere cerrar rápido con cicatriz.

El dato que cambia la pregunta

Si le amputas una pata a un ajolote juvenil, en unos 60 días vuelve a tener una pata funcional: hueso, músculo, tendones, nervios y piel. No es un apéndice rudimentario: es una réplica casi perfecta de la original. Un equipo que mantuvo ajolotes anestesiados de forma continua durante 60 días para poder observarlos publicó en 2023 que ese tiempo cubre prácticamente un ciclo entero de regeneración, lo que da una cifra redonda para hacerse una idea de la escala del proceso.

Esa capacidad es la excepción entre los vertebrados. Los mamíferos cicatrizamos; el ajolote regenera. Y la diferencia no es magia: es un programa celular que tiene tiempos, actores y reglas que se están empezando a cartografiar con detalle. Una cara menos conocida de esa misma biología es que el ajolote casi nunca desarrolla cáncer aun dividiendo tan rápido: cuatro mecanismos candidatos explican cómo se apaga la proliferación cuando toca.

Tres fases, tres tiempos

La regeneración de la extremidad del ajolote no es un crecimiento continuo. Se divide en tres fases marcadas, cada una con su propia biología. La cronología concreta varía según el tamaño del animal, el punto de amputación y la temperatura del agua, pero el guion general se repite:

  • Fase de herida (0-3 días tras la amputación). La piel migra para cubrir el corte en horas y forma una capa gruesa llamada epidermis apical o AEC. Bajo ella, macrófagos y neutrófilos retiran tejido muerto y bacterias. Es la fase más parecida a lo que pasa en una herida humana, pero aquí no se detiene.
  • Fase de blastema (4-21 días). Células del muñón (músculo, hueso, dermis) se desdiferencian: pierden su identidad adulta y vuelven a un estado más primitivo. Esas células forman una masa proliferativa bajo la AEC llamada blastema. Hacia el día 8 el blastema ya es visible a simple vista como un cono pálido.
  • Fase de paleta o ‘palette stage’ (desde el día 27). El blastema deja de crecer en bloque y empieza a esculpirse: aparecen los primeros condrocitos (precursores de cartílago), luego el hueso se osifica, los nervios se ramifican y la piel se reorganiza. Hacia el día 41-60, según el tamaño del animal, la nueva extremidad es indistinguible de la original en estructura.

Estas cifras no son universales. En salamandras terrestres más pequeñas, una regeneración completa de la pata se ha cronometrado en 95 días. La temperatura del agua, el punto de amputación y la edad del animal modifican los plazos.

El interruptor que decide cicatriz o extremidad

Aquí está uno de los hallazgos más contraintuitivos de la última década. Los macrófagos (células del sistema inmune conocidas por fagocitar restos) no son meros barrenderos en el ajolote. Son imprescindibles para que aparezca el blastema.

Un trabajo de 2021 en Frontiers in Cell and Developmental Biology siguió el rastro de los macrófagos que llegan al muñón en las primeras horas tras la amputación. Proceden sobre todo del hígado, que en el ajolote adulto hace las veces de fábrica de células inmunitarias (el animal no tiene médula ósea funcional). Cuando esos macrófagos se agotan con fármacos, la herida se cierra perfectamente, sin infección, pero no se regenera: aparece una cicatriz fibrosa. Es decir, sin macrófagos el ajolote se comporta como un ratón.

Un estudio previo de secuenciación de célula única (single-cell RNA-seq) en 2020 caracterizó qué poblaciones inmunitarias hay realmente en la extremidad en regeneración: neutrófilos y macrófagos en los primeros días, junto con linfocitos T y B en menor proporción. Lo importante no es solo que estén, sino el tipo de señales que liberan: citoquinas antiinflamatorias y factores que promueven la proliferación celular, no el típico cóctel inflamatorio que dispara la cicatrización en mamíferos.

El reloj interno del blastema

El blastema no aparece porque sí, ni cuando quiere. Hay al menos dos sistemas que regulan los tiempos del proceso.

El primero es bioquímico y, a la vez, obvio: las especies reactivas de oxígeno, sobre todo el peróxido de hidrógeno. Un estudio de 2022 demostró que bloquear la producción de peróxido de hidrógeno en las horas siguientes a la amputación produce extremidades más pequeñas y con huesos atrofiados, aunque el animal sobreviva. Añadir peróxido de hidrógeno de forma externa rescata parcialmente el fenotipo. La misma fuente recuerda que el peróxido de hidrógeno ya se sabía necesario para la regeneración de la cola en este mismo animal, y que varias especies usan ROS como señalizadores tempranos de la regeneración.

El segundo es epigenético. Una proteína llamada HDAC1 (histona deacetilasa 1) actúa como un reloj molecular que silencia genes de desarrollo durante la fase de herida y los enciende a tiempo cuando toca formar el blastema. Si se inhibe HDAC1 de forma farmacológica, los genes de diferenciación se encienden demasiado pronto, antes de que haya suficientes células madre, y la regeneración fracasa. En otras palabras: al blastema no le vale con tener células; tiene que tenerlas listas en el momento adecuado.

Esquema simplificado de la regeneración de la pata de un ajolote en tres fases: herida, blastema y paleta, con macrófagos representados bajo la epidermis apical.
Las tres fases de la regeneración de la pata del ajolote y el papel de los macrófagos como desencadenantes del blastema.

Por qué un ratón no hace lo mismo

En parte porque sí, y en parte porque no. Un ratón también forma una pequeña masa de células desdiferenciadas tras una amputación distal en la punta del dedo, y en niños menores de 10 años esa punta puede volver a salir entera, sin cicatriz. Pero cuando el corte afecta más allá de la uña, el sistema inmune del ratón reacciona de forma diferente: macrófagos proinflamatorios, neutrófilos persistentes, depósito rápido de colágeno y, sobre todo, una decisión celular (formar cicatriz o blastema) que se decanta por lo primero.

El ajolote conserva en la edad adulta algo que los mamíferos perdimos: la capacidad de mantener abierta una ventana de reparación durante semanas en vez de cerrarla en horas. Esa ventana no es solo celular; es también inmunológica. La línea de investigación actual no es tanto hacer crecer una extremidad humana, sino entender qué cambia en la comunicación entre macrófagos y células dañadas para mejorar la cicatrización de heridas que hoy cierran mal. En este medio ya hemos explicado cómo en salamandras unas proteínas nerviosas concretas (nAG y Prod1) despiertan parte del programa regenerativo en un ratón amputado, aunque la regeneración completa siga siendo otra liga.

La regeneración del ajolote no es un truco exótico: es un programa celular con fases, actores y tiempos definidos. La cicatriz de un ratón es el mismo programa, abortado a las 48 horas.

Lo que falta por saber

Tres preguntas abiertas marcan el calendario de los próximos años:

  • Qué señales exactas mandan los macrófagos buenos. Se sabe que son necesarios, pero el catálogo de citoquinas y factores de crecimiento que liberan en el muñón sigue incompleto. Sin esa lista no se puede diseñar una terapia que reproduzca el efecto.
  • Por qué el blastema sabe dónde está. El blastema reconstruye la pieza que falta, no otra. Si amputas por la muñeca, regenera la mano. Si amputas por el hombro, regenera la pata entera. Cómo se mide esa información posicional (qué genes, qué gradientes químicos) es uno de los grandes misterios abiertos.
  • Cuánto del programa del ajolote está apagado en humanos. El genoma humano contiene genes equivalentes a los del ajolote, pero su expresión en una herida adulta es pobre. Entender el interruptor epigenético que los silencia es la línea de trabajo con más potencial clínico, aunque también la más incierta.

Compartir

Fuentes

6 referencias
  1. [1]
  2. [2]
  3. [3]
  4. [4]
    Post-amputation reactive oxygen species production is necessary for axolotls limb regeneration · Frontiers in Cell and Developmental Biology · 2022 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  5. [5]
  6. [6]

Preguntas frecuentes

5
¿De verdad al ajolote le crece una pata entera?
Sí, pero con matices. Le crece una extremidad completa, hueso incluido, solo si se cumplen tres condiciones: que quede algo de tejido sano cerca del corte, que los nervios lleguen al muñón y que los macrófagos del animal estén activos. Sin alguna de las tres, el muñón se cierra con cicatriz.
¿Cuánto tarda exactamente?
En animales juveniles, entre 60 y 80 días desde la amputación hasta una pata casi igual a la original. La duración exacta depende del tamaño del animal, del punto de corte y de la temperatura del agua. En salamandras terrestres más pequeñas se han cronometrado 95 días para una regeneración completa.
¿Qué es exactamente el blastema?
Una masa de células que aparecen bajo la herida, parecidas a células madre, capaces de convertirse en hueso, músculo, nervio o piel. Se forma a partir de células del propio muñón que se desdiferencian: pierden su forma adulta y vuelven a un estado más primitivo.
¿Qué tienen que ver los macrófagos?
Son células del sistema inmune que, además de limpiar restos, mandan señales químicas al blastema. Si se agotan en las primeras horas tras la amputación, el ajolote cierra la herida perfectamente, pero no regenera: forma una cicatriz fibrosa, igual que un ratón.
¿Y si esto sirviera algún día para personas?
Por ahora es ciencia básica. Las células humanas adultas tienen menos capacidad de desdiferenciarse, y nuestro sistema inmune es más agresivo con cualquier tejido expuesto. Lo que se busca no es hacer crecer un brazo, sino entender qué cambia en la comunicación entre macrófagos y células dañadas para mejorar la cicatrización de heridas crónicas o de corazones infartados.

Sigue leyendo

Más de Ciencia