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Salud y Ciencia

Descubrimientos6 min de lectura

La peste negra volvió a Europa 400 años después: lo dice el ADN antiguo

Un estudio reconstruye 26 genomas de Yersinia pestis (1349-1710) y los enlaza con guerras y oleadas que los cronistas de la época ya habían escrito.

Artículo validado por

Natali González, Médica

Colegio Oficial de Médicos de La Rioja · nº 26/4812791

Fechas

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Manos enguantadas ordenan fragmentos óseos antiguos sobre tela de lino ante luz de ventana
Manos enguantadas ordenan fragmentos óseos antiguos sobre tela de lino ante luz de ventana

En resumen5 claves

  1. 01La bacteria Yersinia pestis siguió regresando a Europa durante más de 400 años tras la peste negra de 1347-1353, según un estudio de la Universidad de Tartu publicado en PNAS en septiembre de 2026.
  2. 02El equipo reconstruyó 26 genomas a partir de restos humanos de once yacimientos en Estonia, Rusia, Inglaterra, Países Bajos y Suiza, fechados entre 1349 y 1710.
  3. 03Un nuevo método combina radiocarbono, degradación del ADN y posición en el árbol evolutivo de la bacteria para reducir el margen de fechado de más de un siglo a veces a pocas décadas.
  4. 04Los genomas muestran que las guerras europeas (Guerra de los Treinta Años, Gran Guerra del Norte) y las rutas comerciales facilitaron la expansión de linajes nuevos de la bacteria.
  5. 05Hacia 1450-1500 los linajes se separan en tres ramas que pudieron anclar nuevos reservorios en roedores salvajes, probablemente favorecidos por la Gran Sequía del Renacimiento.

La peste no se fue en 1353. Un equipo de la Universidad de Tartu lo acaba de confirmar leyendo el ADN de las víctimas: la bacteria Yersinia pestis siguió regresando a Europa durante más de 400 años tras la peste negra, cambiando de linaje una y otra vez y aprovechando guerras, rutas comerciales y movimientos de población. El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en septiembre de 2026, reúne 26 genomas reconstruidos a partir de restos humanos de once yacimientos y los enlaza, por primera vez, con los brotes que los cronistas de la época ya habían escrito.

El hallazgo cambia la foto clásica: la peste negra no fue un meteorito que cayó y se desvaneció, sino el arranque de la Segunda Pandemia, que duró hasta el siglo XVIII. Y abre una herramienta nueva para preguntas que siguen vivas después del COVID-19: cómo se instala una enfermedad en una población y por qué algunas se quedan durante siglos.

Qué se sabía y qué no

La peste negra llegó a Europa entre 1347 y 1353 y mató, según las estimaciones más aceptadas, entre un tercio y la mitad de la población de las regiones afectadas. La genética ya había aclarado que la causa fue Yersinia pestis, identificada en restos medievales desde 2010.

Lo que no se sabía era el "después". La Segunda Pandemia, que los historiadores prolongan hasta el siglo XVIII, incluye picos como los de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) o el Gran Asedio de Tallin (1710). Los registros escritos y los genomas vivían en mundos separados: los genomas no tenían fecha precisa y los documentos no tenían bacteria. Las fechas de radiocarbono de los huesos cubren márgenes de más de un siglo.

Qué aporta el estudio de Tartu

El equipo dirigido por Marcel Keller y Philip Slavin reconstruyó 26 genomas de Y. pestis a partir de restos humanos de once yacimientos en Estonia, Rusia, Inglaterra, Países Bajos y Suiza, con fechados de 1349 a 1710. Once son nuevos; quince proceden de publicaciones previas reanalizadas igual.

Para resolver el problema de la fecha, los autores idearon el "Phylogenetically Informed Radiocarbon Modeling". La idea: si un genoma antiguo tiene una fecha de radiocarbono imprecisa, mira dónde cae en el árbol evolutivo. Los parientes cercanos vivieron en fechas que sí conoces (documentos, estratos arqueológicos), y eso permite estrechar el margen. Con ese método asociaron de forma tentativa 75 genomas publicados con brotes concretos descritos por cronistas.

La lectura es clara: no hubo un único reservorio europeo del que la peste saliera y volviera. Hubo varias introducciones independientes y la bacteria se movió con las personas. Estonia recibió la peste varias veces entre finales del siglo XIV y el XVIII, lo que muestra que el Báltico funcionó como vía para el patógeno.

El momento clave: 1450-1500

Hacia 1450-1500 los linajes de Y. pestis se expanden y se separan en tres ramas importantes. Los autores sugieren que esas ramas pudieron anclar nuevos reservorios en poblaciones de roedores salvajes, lo que habría permitido a la bacteria persistir incluso sin oleadas constantes de importación desde fuera.

El clima pudo ayudar. Los investigadores apuntan a la Gran Sequía del Renacimiento, un periodo más cálido y seco relacionado con cambios en las poblaciones de roedores. En sistemas modernos de peste se ha visto que las variaciones climáticas afectan a los brotes entre roedores salvajes, hospedadores naturales del bacilo. Una sequía que altera el equilibrio entre ratas y pulgas en Eurasia pudo darle a la bacteria la oportunidad de establecerse. Los datos genéticos sugieren que ese nicho se creó a finales del siglo XV.

Las guerras como autopista de la bacteria

La otra lectura fuerte del estudio es histórica: las grandes guerras europeas aparecen escritas en el genoma. Los linajes se separan en ramas nuevas en periodos de conflicto y se mueven por las rutas que seguían ejércitos, refugiados y comerciantes. La Guerra de los Treinta Años y la Gran Guerra del Norte (1700-1721) son los dos ejemplos mejor documentados.

El asedio de Tallin de 1710 es uno de los casos con más detalle. Las tropas suecas y rusas acamparon frente a la ciudad, y la peste mató a soldados de ambos bandos y a civiles. El genoma recuperado en ese contexto es uno de los que el nuevo método consigue fechar con precisión suficiente para conectarlo con los documentos del sitio. Es, en la práctica, la bacteria firmando la crónica.

Cómo se fecharon los genomas

Los métodos clásicos para fechar ADN antiguo son el radiocarbono del hueso (márgenes amplios) y la cinética de fragmentación del ADN (más precisa pero limitada a muestras bien conservadas). El equipo sumó una tercera información: la posición del genoma en el árbol evolutivo. Como el ADN acumula mutaciones a ritmo razonablemente constante, un genoma cercano a otro bien fechado hereda parte de esa información. Combinando los tres datos, el intervalo se reduce a veces a pocas décadas.

La analogía con el COVID-19 es deliberada: durante la pandemia de SARS-CoV-2 cada genoma llevaba fecha exacta, lo que permitió reconstruir la expansión de cada variante con detalle. En pandemias históricas esa información falta. El método de Tartu recupera parte de esa precisión.

Por qué importa hoy

La peste ya no amenaza Europa. Los antibióticos (estreptomicina desde 1944, después gentamicina y doxiciclina) la tratan con eficacia cuando aparece en humanos. Pero Y. pestis no ha desaparecido: sigue en reservorios de roedores en Asia, África y oeste de Estados Unidos. La OMS notifica cada año entre varios cientos y algo más de un millar de casos humanos, con una mortalidad sin tratamiento del 30-60 %.

Aquí el pasado conecta con el presente. Hoy se secuencian aislados clínicos de pacientes, pero se hace mucho menos con aislados animales. Si los patrones del pasado se repiten (introducciones múltiples, expansiones, ramificación en reservorios), la vigilancia debería cambiar: no bastaría con mirar a los pacientes, habría que mirar a las ratas.

«Vemos cómo Yersinia pestis se separa en nuevas ramas durante periodos de conflicto y se expande por las rutas que seguían los ejércitos y las poblaciones desplazadas», Christiana L. Scheib, investigadora principal.

Lo que el estudio no demuestra

El estudio identifica linajes, los fecha con más precisión que antes y los asocia con brotes escritos. No puede demostrar cuántos reservorios activos había en cada momento, ni qué ocurrió entre los puntos muestreados. Europa tiene una cobertura de yacimientos desigual (los países bálticos, Rusia y el norte están mejor representados que el Mediterráneo) y los huesos conservados son los de personas enterradas, no los de cualquier víctima.

Tampoco resuelve el viejo debate sobre por qué la peste desapareció de Europa: si por mejora de las condiciones de vida, por cambios en las ratas o por una transformación interna de la bacteria. El estudio muestra que el patógeno cambió mucho entre 1350 y 1750 y que esos cambios coincidieron con movimientos de población y con el clima. Las causas últimas siguen siendo una pieza por montar.

Preguntas frecuentes

¿La peste negra fue un único brote? No. La peste negra (1347-1353) fue la primera y más mortal oleada de la Segunda Pandemia, que duró hasta el siglo XVIII con picos recurrentes. El estudio de Tartu lo confirma con datos genéticos.

¿Cómo se sabe de qué año es un genoma antiguo? Hasta ahora, sobre todo por radiocarbono del hueso, con márgenes de más de un siglo. El nuevo método combina radiocarbono, degradación del ADN y posición en el árbol evolutivo para estrechar la fecha a veces a pocas décadas.

¿Por qué duró 400 años y después desapareció de Europa? No está del todo claro. El estudio muestra que la bacteria cambió mucho entre 1350 y 1750 y se separó en nuevos linajes. Las hipótesis vivas son mejora de la higiene, cambios en las poblaciones de ratas o pérdida de virulencia.

¿Existe riesgo de una nueva pandemia de peste? No en Europa. Los antibióticos actuales la tratan con eficacia. Pero el bacilo sigue activo en focos silvestres fuera de Europa, con varios cientos de casos humanos anuales a la OMS y mortalidad sin tratamiento del 30-60 %.

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Fuentes

3 referencias
  1. [1]
    A refined phylochronology of the second plague pandemic in Western Eurasia · Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) · 2026 · doi.org
  2. [2]
    Ancient DNA reveals how plague kept returning for 400 years after the Black Death · ScienceDaily / Estonian Research Council · 2026 · sciencedaily.com
  3. [3]
    OMS — Plague · Organización Mundial de la Salud · 2024 · who.int

Preguntas frecuentes

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¿La peste negra fue un único brote?
No. La peste negra (1347-1353) fue la primera y más mortal oleada de la Segunda Pandemia, que duró hasta el siglo XVIII con picos recurrentes. El estudio de Tartu lo confirma con datos genéticos.
¿Cómo se sabe de qué año es un genoma antiguo?
Hasta ahora, sobre todo por radiocarbono del hueso, con márgenes de más de un siglo. El nuevo método combina radiocarbono, degradación del ADN y posición en el árbol evolutivo para estrechar la fecha a veces a pocas décadas.
¿Por qué duró 400 años y después desapareció de Europa?
No está del todo claro. El estudio muestra que la bacteria cambió mucho entre 1350 y 1750 y se separó en nuevos linajes. Las hipótesis vivas son mejora de la higiene, cambios en las poblaciones de ratas o pérdida de virulencia.
¿Existe riesgo de una nueva pandemia de peste?
No en Europa. Los antibióticos actuales la tratan con eficacia. Pero el bacilo sigue activo en focos silvestres fuera de Europa, con varios cientos de casos humanos anuales a la OMS y mortalidad sin tratamiento del 30-60 %.

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