Por qué los animales grandes no tienen más cáncer: la paradoja de Peto
Paradoja de Peto: por qué una ballena con mil veces más células que tú no muere más de cáncer. Tres estudios recientes empiezan a responder.
Revisado por el equipo de revisión de Salud y Ciencia.

En resumen
- La paradoja de Peto dice que tener más células y más años no debería ser compatible con una tasa de cáncer baja, pero los animales grandes y longevos rompen esa lógica.
- Un análisis de 2019 con genomas de diez especies de cetáceos, incluido el de la ballena jorobada, encontró duplicaciones grandes en genes que controlan la muerte celular y selección positiva en puntos de control del ciclo celular.
- En 2025 se publicó en Nature el mecanismo de la ballena boreal: sus fibroblastos reparan mejor el ADN porque expresan mucho la proteína CIRBP, que también alarga la vida en moscas.
- El caso mejor conocido sigue siendo el del elefante: unas veinte copias del gen TP53 frente a las dos humanas, lo que vuelve su respuesta al daño en el ADN mucho más sensible.
- Hoy no existe ningún fármaco en personas inspirado directamente en estos mecanismos: lo que enseñan los cetáceos es qué preguntar, no qué molécula copiar.
Una ballena azul tiene mil veces más células que tú y no muere más de cáncer¶
La ballena azul es el animal más grande que ha existido. Puede pasar de 150 toneladas y medir 30 metros. Si la lógica más básica del cáncer fuera correcta, cada división celular es una oportunidad para acumular mutaciones. Ese cuerpo mastodóntico debería ser una fábrica de tumores. Y no lo es. La tasa de cáncer en cetáceos, ajustada por años vividos y por número de células, no es mayor que la humana. Esa incongruencia la formuló el epidemiólogo Richard Peto en los años setenta y desde entonces se conoce como paradoja de Peto.
Resolver esa paradoja importa más allá de la biología marina: si los animales grandes han encontrado maneras repetibles de esquivar el cáncer, esas mismas vías son candidatas a fármacos antitumorales en personas. Tres estudios publicados en los últimos años, uno en cetáceos en general, otro en la ballena boreal y un tercero en genes del ciclo celular, dibujan por fin una respuesta con genes y mecanismos concretos.
Qué se encontró al secuenciar los genomas de los cetáceos¶
En 2019, un equipo internacional ensambló por primera vez el genoma de la ballena jorobada. Después lo comparó con los de otras nueve especies de cetáceos. Lo que apareció no fue un solo gen milagro, sino un patrón repetido en linajes que llevan millones de años siendo grandes. El trabajo, publicado en Molecular Biology and Evolution, identificó dos señales fuertes:
- Duplicaciones segmentarias grandes en regiones del genoma que contienen genes de la apoptosis (la muerte celular programada que elimina células con el ADN dañado).
- Selección positiva y evolución acelerada en genes enriquecidos en procesos como el control del ciclo celular, la señalización celular y la proliferación.
En lenguaje llano: las ballenas grandes no acumularon un gen nuevo, sino que reorganizaron genes ya conocidos: apoptosis, puntos de control del ciclo, reparación. Los empujaron a funcionar de otra forma. Es una versión distribuida del truco, no una bala de plata. Un trabajo complementario sobre el oncogenoma del gato recuerda que el patrón se repite en otros mamíferos domésticos.

La ballena boreal, que repara mejor en vez de matar más¶
El segundo trabajo se publicó en Nature en 2025. Se centró en la ballena boreal, que vive más de 200 años y pesa más de 80 000 kilos. Lo inesperado fue el resultado contrario al esperado: sus fibroblastos necesitaban menos golpes oncogénicos para transformarse en células malignas que los fibroblastos humanos, no más. ¿Cómo encaja eso con su bajísima tasa de cáncer?
La respuesta estaba en la reparación. Las células de ballena boreal reparan las roturas de doble cadena del ADN con más capacidad y precisión, y acumulan menos mutaciones que las de otros mamíferos. El equipo identificó una pieza clave: la proteína CIRBP, una proteína de unión a ARN inducible por frío que está muy expresada en sus tejidos. Cuando los investigadores hicieron que células humanas produjeran la versión de CIRBP de la ballena boreal, estas ganaron más capacidad de reparación por recombinación homóloga y por unión de extremos no homólogos. También formaron menos micronúcleos y protegieron mejor los extremos del ADN. La misma proteína, expresada en moscas, alargó su vida y mejoró su resistencia a la radiación.
La estrategia de la ballena boreal no es tirar la célula dañada, como hace el elefante con sus veinte copias de TP53. Es arreglarla con más mimo. Las dos tácticas resuelven el mismo problema aritmético (muchas células, muchos años) con filosofías opuestas.
El ciclo celular, la otra moneda de cambio¶
El tercer trabajo, también de 2025 en Molecular Biology and Evolution, atacó una cuestión más fina. El equipo estudió 50 genes relacionados con el ciclo celular en cetáceos y encontró que seis de ellos habían evolucionado rápido y cuatro mostraban signos de selección positiva. Buena parte de ellos, como CDK2, CDT1, ORC2 y ORC3, son genes de punto de control: cuando detectan daño, detienen el ciclo y dan tiempo a la reparación.
Lo más llamativo fue la evolución convergente. El gen MYT1, supresor tumoral, muestra los mismos cambios en el elefante africano y en la ballena boreal. Son dos especies separadas hace decenas de millones de años en el árbol de los mamíferos. Es una pista de que la selección natural encontró dos veces la misma solución al dilema de tener un cuerpo enorme. La misma lógica de genes anticancer reforzados aparece en otros animales longevos. Está descrita en la rata topo desnuda y, en clave evolutiva lejana, en el tiburón de Groenlandia.
Qué hacer con todo esto¶
Lo primero, no vender humo: ninguno de estos mecanismos ha producido todavía un fármaco aprobado en personas. Lo segundo, tener clara la jerarquía: los estudios de Tollis, los trabajos en Nature y los del ciclo celular son biología molecular comparada y cultivos celulares. Sirven para entender qué preguntar y dónde mirar, no para recetar nada.
La línea más avanzada, y la más antigua, sigue siendo la del elefante: reactivar p53 bloqueando MDM2 es una estrategia con ensayos clínicos en marcha (idasanutlin, navtemadlin), pero no nació mirando al elefante. La historia oficial dice que se descubrió en química médica y que el paralelismo se vio después. La paradoja de Peto, en cambio, sí que nació mirando a los animales grandes y preguntándose por qué la cuenta no sale.
Por ahora, el saldo es modesto pero claro: los cetáceos resolvieron un problema aritmético (más células, más años, mismo cáncer) con un reparto de tareas entre apoptosis, reparación y control del ciclo. Los próximos fármacos antitumorales en personas probablemente vendrán de imitar alguno de esos tres ejes. Lo que ya sabemos es que la pregunta de Peto dejó de ser filosófica y tiene genes con nombre y apellido.
Fuentes
- Return to the Sea, Get Huge, Beat Cancer: An Analysis of Cetacean Genomes Including an Assembly for the Humpback Whale (Megaptera novaeangliae) · Molecular Biology and Evolution · 2019 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Evidence for improved DNA repair in the long-lived bowhead whale · Nature · 2025 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- A Trade-Off between Body Mass and Cancer Resistance in Cetaceans Is Mediated by Cell Cycle-Related Gene Evolution · Molecular Biology and Evolution · 2025 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- TP53 copy number expansion is associated with the evolution of increased body size and an enhanced DNA damage response in elephants · eLife · 2016 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov


