Saltar al contenido
Salud y Ciencia

ActualidadMicrobiota4 min de lectura

Las células del intestino «preparadas para morir» aunque no haya síntomas

WEHI revisó unas 900 biopsias y mini-intestinos de pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal. Sus células siguen «preparadas para morir» durante la remisión.

Artículo validado por

Marina Sarrias, Médica

Col·legi Oficial de Metges de Barcelona · nº 64943

Fechas

Publicado
Muestras de tejido intestinal en un laboratorio
Muestras de tejido intestinal en un laboratorio

En resumen5 claves

  1. 01Las células del intestino pueden quedar «preparadas para morir» incluso cuando la EII parece estar controlada.
  2. 02WEHI estudió unas 900 biopsias y mini-intestinos de pacientes y detectó ese defecto oculto en el tejido.
  3. 03El hallazgo sugiere que los brotes podrían anticiparse antes de que aparezcan los síntomas.
  4. 04Es investigación básica, no cambia todavía cómo se trata a los pacientes.
  5. 05Habrá que validar los resultados en más personas antes de aplicarlos en la consulta.

Qué se ha descubierto

Un equipo del Walter and Eliza Hall Institute (WEHI), junto al Royal Melbourne Hospital, ha encontrado un defecto oculto en las células del intestino de personas con enfermedad inflamatoria intestinal. Es una alteración en las señales que controlan la muerte de esas células. Lo llamativo es que se mantiene activa incluso en pacientes que se sienten bien y cuya enfermedad parece estar controlada.

La EII agrupa la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Son trastornos crónicos del tubo digestivo. Cursan con dolor de barriga, diarrea, sangrado por el recto, cansancio y pérdida de peso. Con los tratamientos actuales, muchos pacientes alivian esos síntomas. Pero la enfermedad suele volver en forma de brotes.

Los autores vieron que, en muestras de tejido intestinal, las células epiteliales (las que recubren el intestino por dentro) muestran señales anómalas de muerte celular. Esa alteración no siempre se ve en una colonoscopia convencional. Para detectarla hace falta un análisis molecular detallado.

El trabajo, publicado en Science, sugiere que esa predisposición a morir podría estar implicada en el origen de la propia enfermedad, y no solo ser consecuencia del daño que causa la inflamación. Los autores lo describen como un problema sutil que puede estar ahí desde las fases iniciales.

Una biopsia intestinal recién extraída en el laboratorio
Los investigadores analizaron unas 900 biopsias para detectar el defecto oculto

Cómo se hizo el estudio

El trabajo se centró en muestras humanas, no en animales. Los autores analizaron cerca de 900 biopsias de intestino. Son pequeños trozos de tejido que se extraen durante una endoscopia. Las biopsias venían de personas con EII y de personas sin la enfermedad, que actuaron como grupo de comparación.

En el laboratorio cultivaron organoides intestinales a partir de células de pacientes. Son versiones simplificadas del tejido, llamadas «mini-intestinos», que permiten estudiar su comportamiento fuera del cuerpo. Con ellos pudieron ver cómo responden las células a distintos estímulos.

La colaboración con el Royal Melbourne Hospital dio acceso a muestras bien caracterizadas. Entre los investigadores del WEHI están los doctores Andre Samson y Jiyi Pang y el profesor James Murphy, junto a otros colegas del Royal Melbourne Hospital y de universidades australianas. La financiación del estudio aparece detallada en la propia publicación en Science.

Qué significa y qué no

Que las células intestinales estén «preparadas para morir» no significa que vayan a morir de inmediato. Quiere decir que son más vulnerables ante un daño y que, si algo las agrede, reaccionan peor que las células sanas. Por eso este hallazgo se interpreta como una posible explicación de por qué la enfermedad vuelve, incluso cuando los síntomas están bajo control.

Aun así, hay que tener claro lo que el estudio no demuestra. No dice que ese defecto cause la EII por sí solo. La EII es una enfermedad compleja en la que participan la genética, el sistema inmunitario, la microbiota (los microorganismos que viven en el intestino) y factores ambientales. El trabajo aporta una pieza más al puzle, pero no sustituye al resto.

Tampoco cambia, por ahora, la forma de tratar a los pacientes. Hasta que se desarrollen pruebas específicas y se validen en grupos grandes, esto sigue siendo investigación básica.

Contexto

La EII afecta a unos 180.000 australianos, según los datos recogidos por el WEHI, y a varios millones de personas en el mundo. Los tratamientos actuales, como los fármacos que ajustan la respuesta del sistema inmunitario o los anticuerpos de diseño, han mejorado mucho la vida de los pacientes. Aun así, los brotes siguen siendo frecuentes.

Hace tiempo que se sabe que en la EII falla la barrera intestinal, la respuesta inmunitaria y el equilibrio de la microbiota. Sobre la primera ya hay pistas en modelos animales: una sustancia que producen las bacterias al digerir granadas y nueces, la urolitina A, activa la reparación de la mucosa en ratones, aunque todavía no se ha probado en personas con EII. Ya se había descrito que la muerte celular inapropiada aparece en el intestino inflamado. Lo nuevo de este trabajo es sugerir que esa muerte celular anómala podría ser una de las causas, y no solo una consecuencia, y que puede detectarse incluso antes de que haya inflamación visible.

Los autores lo explican así: cuando alguien llega al hospital con una inflamación grave, la mayoría de los estudios se han centrado en ese momento crítico. Este equipo ha mirado el otro extremo, el tejido que aún no muestra signos claros de enfermedad activa, y ha encontrado una huella molecular que se mantiene en silencio hasta el siguiente brote.

Qué falta por saber

Aunque el hallazgo es sugerente, quedan preguntas abiertas. Habrá que confirmar los resultados en cohortes más grandes y en distintos países, para ver si se reproducen fuera de Australia. También hace falta entender mejor qué dispara el paso de célula «preparada» a célula que muere, y si hay formas de revertirlo.

Llevar este hallazgo a la práctica es otro reto. Hoy por hoy, detectar esa señal exige biopsia y análisis molecular, algo que no se hace de rutina. Sería necesario desarrollar métodos más sencillos, quizá en sangre o en heces, que permitieran monitorizar a los pacientes.

Queda por ver si bloquear esa vía de muerte celular podría prevenir los brotes. De momento es solo una hipótesis. Cualquier nuevo tratamiento tendría que pasar por ensayos clínicos antes de plantearse su uso en personas.

Si tienes EII y este tema te preocupa, coméntalo con tu especialista en digestivo. Este artículo es solo informativo y no sustituye a la consulta médica.

Compartir

Fuentes

4 referencias
  1. [1]
  2. [2]
  3. [3]
    Gastrointestinal Physiology and Function. · Handbook of experimental pharmacology · 2017 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  4. [4]
    Mitochondrial dysfunction in inflammatory bowel disease. · Frontiers in cell and developmental biology · 2015 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

Preguntas frecuentes

3
¿Se puede saber cuándo va a volver un brote de EII?
Todavía no en la práctica clínica. Este estudio identifica una señal molecular en biopsias, pero aún no hay una prueba sencilla para usar en la consulta. Habrá que esperar a más investigaciones.
¿Significa que los tratamientos actuales no sirven?
No. Los tratamientos actuales logran que muchos pacientes entren en remisión. El hallazgo apunta a que, aun así, puede quedar un defecto celular que ayude a explicar por qué la enfermedad reaparece.
¿Es algo hereditario y se puede prevenir?
La EII tiene un componente genético y otro ambiental, según la evidencia disponible. No hay una forma conocida de prevenirla por completo, pero seguir el tratamiento y los controles ayuda a controlar los brotes.

Sigue leyendo

Más de Digestión