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Salud y Ciencia

Trastornos del sueño5 min de lectura

Piernas inquietas: no son nervios, es un trastorno que afecta hasta al 10 %

Qué es el síndrome de piernas inquietas, por qué produce la urgencia de mover las piernas al descansar y qué dice la evidencia sobre sus tratamientos.

Artículo validado por

Laura Colorado, Psicóloga

Colegio Oficial de la Psicología de Castilla-La Mancha · nº CM03414

Fechas

Publicado
Piernas asomando bajo la sábana en un dormitorio a media luz
Piernas asomando bajo la sábana en un dormitorio a media luz

En resumen5 claves

  1. 01El síndrome de piernas inquietas es un trastorno neurológico que provoca una urgencia incontrolable de mover las piernas, sobre todo al atardecer y por la noche.
  2. 02Afecta a entre un 1,5% y un 10% de la población adulta, según la fuente y la gravedad de los síntomas.
  3. 03Los bajos depósitos de hierro en el cerebro, medidos con la ferritina, son uno de los factores clave y conviene revisarlos.
  4. 04Los cambios de hábitos y, si no bastan, los fármacos recomendados por la guía de la Academia Americana de Medicina del Sueño de 2025 pueden aliviar los síntomas.
  5. 05Si la urgencia aparece dos o más veces por semana y altera el sueño, conviene consultar a un profesional.

Qué es el síndrome de piernas inquietas

El síndrome de piernas inquietas es un trastorno neurológico. Provoca una necesidad difícil de soportar de mover las piernas. Esa urgencia aparece cuando estás sentado o acostado y mejora, casi siempre, en cuanto te levantas y caminas un poco.

Las noches se vuelven un calvario para quien lo padece.

Para diagnosticarlo, los médicos se apoyan en cuatro criterios básicos. La urgencia debe aparecer cuando estás en reposo. Debe mejorar al moverte. Debe ser más fuerte al atardecer o por la noche. Y no debe explicarse por otra causa, como calambres o una mala postura.

Las sensaciones que describe la gente son variadas. Algunos lo comparan con hormigas caminando por dentro de la pantorrilla. Otros hablan de un tirón, un cosquilleo, un burbujeo o un calambre que no acaba de cuajar. La única forma de alivio es levantarse y caminar, lo que convierte una noche de sueño en una sucesión de idas y venidas al salón o a la cocina.

Quién lo tiene y por qué aparece

Es un trastorno común, aunque las cifras cambian según la fuente. La clínica Mayo estima que entre un 1,5% y un 2,7% de la población adulta lo sufre de forma moderada o grave. Otras revisiones, como la publicada en Medicina Clínica, elevan la prevalencia general al 5-10%. Una revisión reciente en JAMA sitúa en torno al 3% los adultos estadounidenses con síntomas clínicamente relevantes.

Puede empezar a cualquier edad, incluso en la infancia. Es más frecuente a partir de los 40 años. Las mujeres lo sufren casi el doble que los hombres. Hay dos momentos de la vida en los que el riesgo se dispara. Uno es el embarazo, sobre todo en el tercer trimestre. El otro, la insuficiencia renal avanzada.

Sobre las causas, la investigación apunta a un cóctel de factores. La genética pesa. Si un familiar de primer grado tiene el síndrome, las posibilidades de desarrollarlo se multiplican por cinco o seis, según recoge un artículo de Nature Reviews Disease Primers. El hierro también importa mucho. La ferritina es una proteína que almacena hierro en el cuerpo. Cuando sus valores en sangre bajan de cierto umbral, los síntomas pueden aflorar. Por último, el sistema de la dopamina, un mensajero químico del cerebro que participa en el control del movimiento, parece funcionar de forma alterada en quienes lo sufren.

Por qué se agrava por la noche y en algunos momentos vitales

Por la noche bajan de forma natural los niveles de dopamina y de hierro en el cerebro. Es justo cuando las piernas están en reposo. Esa combinación saca a relucir los síntomas en personas predispuestas. Por eso las piernas solo protestan al caer la tarde.

El embarazo es otra ventana de riesgo. Hasta una de cada cuatro gestantes nota estas sensaciones en el tercer trimestre, según distintas series. Suelen desaparecer semanas después del parto. Conviene comentarlo con el médico, porque pueden esconder una anemia ferropénica, una falta de hierro suficiente como para reducir la producción de glóbulos rojos.

En los niños el cuadro es más fácil de pasar por alto. Si el menor pide que le froten las piernas al acostarse o se levanta a caminar varias noches seguidas, conviene valorarlo con el pediatra. A veces se confunde con dolor de crecimiento o simple inquietud.

Tubo de análisis de sangre sobre una superficie blanca
Un análisis de ferritina ayuda a detectar déficit de hierro asociado al síndrome.

Cómo se diagnostica

No hay una prueba de imagen ni un análisis único que confirme el síndrome. El diagnóstico se basa en la historia clínica y en una exploración física. El médico te preguntará con qué frecuencia aparecen los síntomas, cuánto duran, si te despiertan y si tienes antecedentes familiares.

Hay dos análisis que casi siempre se piden. Uno es la ferritina, para ver cómo están los depósitos de hierro. El otro es un análisis de sangre general que descarte anemia, problemas de tiroides o insuficiencia renal. Si la ferritina está por debajo de 75 ng/ml, muchos especialistas consideran que conviene reponer hierro antes de probar otras cosas.

También puede hacerse un estudio del sueño, llamado polisomnografía, para registrar los movimientos involuntarios que muchas personas con piernas inquietas tienen mientras duermen. No es obligatorio en todos los casos, pero ayuda cuando el diagnóstico no está claro o cuando se sospecha otro trastorno asociado.

Qué hacer antes de recurrir a los fármacos

Antes de probar medicamentos, las guías recomiendan agotar las medidas no farmacológicas. El primer paso es mantener una buena higiene del sueño. Acostarse y levantarse a la misma hora, tener el dormitorio fresco y oscuro, evitar las pantallas una hora antes y limitar la cafeína y el alcohol.

El ejercicio moderado y regular ayuda a muchos pacientes. Lo importante es no pasarse, porque un sobreesfuerzo físico al final del día puede empeorar los síntomas en vez de aliviarlos. Caminar, nadar o hacer yoga suave a media tarde suelen funcionar mejor que deportes intensos a última hora.

Hay también trucos físicos que funcionan sobre la marcha. Una ducha caliente en las piernas antes de dormir puede cortar un episodio. También ayuda aplicar frío o calor, masajear los gemelos o estirar suavemente. Algunos pacientes notan alivio con una almohadilla eléctrica o vibradores plantares, aunque la evidencia científica sobre estos dispositivos es todavía limitada.

Tratamientos con medicamentos

Si los síntomas aparecen al menos dos veces por semana y alteran el sueño o el ánimo, conviene hablar con un especialista. La Academia Americana de Medicina del Sueño publicó en 2025 una guía clínica que actualiza las recomendaciones. En ella, los expertos revisan los fármacos con mejor evidencia.

Para los casos leves, muchos médicos empiezan con suplementos de hierro, siempre que la ferritina esté baja. Para los casos más persistentes, la guía de 2025 de esa academia sitúa en primera línea los llamados alfa-2-delta (gabapentina, pregabalina o gabapentina enacarbil). Son medicamentos desarrollados originalmente para la epilepsia y el dolor neuropático que ayudan a calmar la hiperexcitabilidad de las piernas.

Los agonistas dopaminérgicos, que actúan sobre el sistema de la dopamina, han pasado a un segundo plano. La guía los desaconseja como uso habitual por el riesgo de augmentation, un empeoramiento de los síntomas provocado por el propio fármaco. Otros fármacos, como ciertos opioides, se reservan para situaciones concretas por sus efectos secundarios.

Algunos medicamentos de uso común pueden incluso empeorar el problema en lugar de aliviarlo. Es el caso de ciertos antihistamínicos para el catarro, algunos antidepresivos y los fármacos contra las náuseas.

Cualquier decisión sobre tu tratamiento debe pasar por un profesional.

Vida cotidiana y cuándo consultar al médico

El síndrome de piernas inquietas no es solo un problema de sueño. Dormir mal noche tras noche pasa factura al estado de ánimo, a la concentración y a la calidad de vida en general. Por eso, además del tratamiento médico, merece la pena revisar el día a día. Cenas ligeras y sin alcohol. Paseos tras la cena. Evitar permanecer sentado mucho tiempo sin moverse, por ejemplo en viajes largos en avión o coche.

Conviene ir al médico si la urgencia aparece varias veces por semana, si te despierta con frecuencia, si afecta a tu pareja o si notas que durante el día estás más irritable o cansado. También es buena idea consultarlo en el embarazo o si tienes antecedentes familiares del trastorno. Un profesional puede confirmar el diagnóstico, pedir los análisis oportunos y, si hace falta, proponer un plan de tratamiento adaptado a tu caso.

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Fuentes

8 referencias
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    Sleep Disorders. · The American journal of medicine · 2019 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  8. [8]
    Restless legs syndrome. Pathophysiology, diagnosis and treatment. · Medicina clinica · 2025 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

Historial de cambios

1

Revisamos el artículo cuando cambia la evidencia. Estos son los cambios de fondo registrados.

  1. Ampliación

    Actualizamos el apartado de tratamientos para reflejar el orden de primera línea recomendado por la guía de 2025 de la Academia Americana de Medicina del Sueño.

Preguntas frecuentes

5
¿El síndrome de piernas inquietas se cura?
No existe una cura definitiva, pero los tratamientos actuales pueden reducir mucho la frecuencia de los síntomas y permitir un sueño razonablemente normal. El objetivo es controlar las molestias, no eliminarlas para siempre.
¿Es lo mismo que los calambres nocturnos?
No. Los calambres son contracciones musculares breves y dolorosas que ceden al estirar la zona. En el síndrome de piernas inquietas hay una urgencia continua de moverse, con hormigueo o tirón, y la única forma de alivio es levantarse y caminar.
¿Por qué las piernas molestan más por la noche?
El reloj interno del cuerpo hace que al caer la tarde bajen los niveles de dopamina y de hierro en el cerebro. En personas predispuestas, esa combinación dispara los síntomas justo cuando toca descansar.
¿Aparece en el embarazo?
Sí, hasta una de cada cuatro gestantes nota estas molestias en el tercer trimestre. Suelen desaparecer semanas después del parto, aunque conviene descartar una anemia ferropénica, es decir, una falta de hierro suficiente para reducir la producción de glóbulos rojos.
¿Puede afectar a los niños?
Sí, puede aparecer en la infancia y a veces se confunde con dolor de crecimiento, hiperactividad o simple nerviosismo. Si un menor pide que le froten las piernas al acostarse o se levanta a caminar varias noches seguidas, conviene consultarlo con el pediatra.

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