Saltar al contenido
Salud y Ciencia

Descubrimientos6 min de lectura

El pez pulmonado africano tiene el mayor genoma animal secuenciado

El Protopterus, el pez pulmonado africano, aguanta meses sin agua en un capullo de barro. Su genoma de 40 Gb, el mayor jamás secuenciado, lo explica.

Revisión editorial

Revisado por el equipo de revisión de Salud y Ciencia.

Fechas

Publicado
Manos anónimas acunando una bola de barro húmedo, como un capullo protector
Manos anónimas acunando una bola de barro húmedo, como un capullo protector

En resumen4 claves

  1. 01Su genoma, ensamblado en 2021, mide 40 Gb: es el mayor genoma animal secuenciado hasta la fecha, más de diez veces el del ser humano.
  2. 02Durante la estivación el animal reorganiza su metabolismo: deja de excretar amoníaco. El pulmón pasa a ser el órgano respiratorio principal, mientras la piel y el mucus del capullo complementan, pero no sustituyen, ese intercambio. En el cerebro, activa varias mioglobinas con funciones distintas.
  3. 03La estivación no es hibernar como un mamífero: el pez no duerme. Reduce su metabolismo y reorienta la forma en que sus células usan la energía.
  4. 04El pez pulmonado es el pariente vivo más cercano a los tetrápodos, los animales con cuatro extremidades. Su genoma conserva piezas antiguas que ayudan a entender cómo salimos del agua.

Un pez que se entierra cuando la charca se seca

En las llanuras aluviales de África central hay un pez que, cuando su charca se evapora, se traga la última bocanada de aire. Se hunde en el fango y segrega un capullo de mucus que se endurece a su alrededor. Dentro, sin agua, comiendo sus propios músculos, espera meses a que vuelva la lluvia. Se llama Protopterus annectens. Su genoma mide 40 Gb, el mayor genoma animal secuenciado hasta ahora y más de diez veces el del ser humano.

Pertenece a los dipnoos, un grupo de peces con pulmones reales que lleva más de 400 millones de años en el planeta. La pregunta que el genoma publicado en Cell en 2021 empieza a responder es cómo aguanta lo que ningún mamífero aguanta: semanas con el oxígeno justo para no morir, con el cerebro funcionando, el corazón latiendo y el riñón depurando.

Durante la estivación, el pulmón pasa a ser el órgano respiratorio principal. La piel y el mucus del capullo complementan ese intercambio, pero no lo sustituyen.

Corte del subsuelo: bajo una capa de barro seco agrietado, un pez pulmonado africano aparece enrollado dentro de un capullo translúcido de mucus endurecido, con un pequeño canal de aire que llega desde la superficie.
Dentro del capullo, el Protopterus sobrevive meses sin agua respirando por un canal que llega a la superficie y reabsorbiendo sus propios músculos.

Un genoma más grande que el de cualquier otro animal

El equipo internacional que publicó el ensamblado en 2021 midió el genoma del Protopterus annectens: 40 Gb, repartidos en 17 cromosomas. El genoma humano ronda los 3,2 Gb. Este del pez pulmonado es, hasta la fecha, el mayor genoma animal secuenciado a nivel de cromosoma.

La mayor parte del tamaño extra viene de retrotransposones, secuencias que se copian y se reinsertan dentro del propio ADN. Lo llamativo es que el animal no se ralentiza por cargar con ese lastre. Los autores midieron que los genes del Protopterus se transcriben con la misma eficacia que en otros vertebrados. Ha desarrollado un sistema eficiente para manejar longitudes génicas enormes sin perder velocidad.

Para la biología evolutiva, lo importante no es el tamaño, sino qué genes conserva. El ensamblado identifica genes y elementos reguladores relacionados con el surfactante pulmonar, las extremidades con cinco dedos o la remodelación de la faringe. Son piezas que, en otros peces, ya no están o funcionan de forma distinta. Ayudan a entender qué tenía ya listo el último antepasado común con los animales terrestres. El estudio de 2026 que compara el blastema del ajolote, el pez cebra y Polypterus senegalus usa exactamente esta misma lógica con la regeneración de aletas: separar qué piezas del kit son antiguas y cuáles son adaptaciones recientes de cada linaje.

40 Gb de genoma, 17 cromosomas, con tamaños por encima de 2 Gb, más grandes que cualquier otro cromosoma animal secuenciado. Y sigue funcionando a la misma velocidad transcripcional que un vertebrado normal.

Qué pasa dentro del capullo de barro

La estivación no es una hibernación al uso. El animal no duerme, su temperatura no baja como en un mamífero. Lo que hace es reorganizar el metabolismo entero.

El análisis transcriptómico de branquias y pulmones publicado en Frontiers in Genetics en 2023 muestra que, durante la fase de mantenimiento, los perfiles de expresión de ambos órganos se parecen mucho más entre sí que fuera de la estivación. El pulmón, además, mantiene una actividad biológica muy superior a la de las branquias. Pasa a ser el órgano respiratorio principal mientras el animal está enterrado.

En paralelo, la revisión de 2020 en Journal of Thermal Biology sobre el sistema del óxido nítrico (NOS/NO) describe cómo se reorganiza la señalización molecular en pulmones, branquias, riñón, corazón y músculo. Proteínas implicadas en detectar oxígeno, en respuesta al estrés térmico y en apoptosis cambian de patrón cuando empieza la estación seca. Vuelven a cambiar al despertar. Es una coreografía finísima que se monta y se desmonta cada año.

Cómo aguanta el cerebro con tan poco oxígeno

El hallazgo más contraintuitivo está en el cerebro. Un trabajo de 2020 en The FEBS Journal estudió las mioglobinas del Protopterus, las proteínas que en los músculos almacenan oxígeno. En este pez, el gen de la mioglobina se ha duplicado y diversificado. Han aparecido al menos cuatro versiones activas con afinidades por el oxígeno muy distintas.

La mioglobina que se expresa sobre todo en el músculo (PanMb1) tiene una afinidad por el oxígeno relativamente baja, normal para un músculo. La que domina en el cerebro (PanMb2) tiene la afinidad más alta de todas las medidas, con una presión mitad de 0,88 Torr a 20 °C, lo que le permite captar y ceder oxígeno en ambientes muy pobres. Otras dos (PanMb3 y PanMb4b) son casi específicas de neuronas y además funcionan como nitrito reductasas, es decir, ayudan a reciclar el nitrito en óxido nítrico cuando el oxígeno cae.

Las descripciones de PanMb2, PanMb3 y PanMb4b proceden de Protopterus annectens. No son medidas directas en otras especies de dipnoos.

El resultado es un cerebro que no se queda sin energía durante meses de anoxia casi completa. Se parece más a lo que hace un corazón de tortuga hibernando que a lo que hace un cerebro humano ante un ictus.

El nitrógeno y cómo gestiona el amoníaco

La estivación también plantea un problema bioquímico serio: ¿qué hacer con los desechos nitrogenados? En agua, un pez excreta amoníaco por las branquias. Sin agua, el amoníaco se acumula y es tóxico. La revisión de 2014 en Journal of Fish Biology describe la estrategia del Protopterus: pasa de excretar amoníaco a fabricar urea. La urea se acumula en sangre y en tejidos muy por encima de los niveles que tiene un animal activo, y se libera de golpe cuando vuelve el agua.

Producir urea es energéticamente caro. Por eso no todos los peces con pulmones recurren a ella. El Protopterus puede permitírselo porque, durante la estivación, su metabolismo basal cae a una fracción mínima y dispone de reservas suficientes para sostener esa síntesis extra.

Un pez, no un antepasado, pero el más cercano

Un error frecuente es llamar al Protopterus «nuestro antepasado». No lo es. Es nuestro pariente vivo más cercano dentro de los peces.

Comparte con nosotros un antepasado común que no era ni pez pulmonado ni tetrápodo, sino algo anterior, de hace unos 420 millones de años. El genoma publicado en 2021 confirma esta posición: los dipnoos son grupo hermano de los tetrápodos.

Esa cercanía es la que hace al Protopterus una pieza de comparación única. Permite ver qué genes estaban ya operativos antes de la transición al medio terrestre y cuáles aparecieron después. En el artículo de Cell aparecen genes candidatos para la fabricación de surfactante pulmonar, la capacidad de tolerar la vida en tierra y el patrón de cinco dedos que más tarde sería la mano humana.

Por qué interesa a la medicina, aunque aún no se use

La pregunta práctica es si entender al Protopterus ayuda a tratar algo en personas. Hoy, no. Lo que sí hace es delimitar qué es teóricamente posible en un vertebrado: un cerebro que funciona con aportes mínimos de oxígeno durante meses, un corazón que late con energía mínima, un riñón que recicla urea a demanda. El infarto cerebral, la isquemia cardíaca o los trasplantes de órganos son terrenos donde entender esos límites podría, algún día, mover la aguja. Pero la frontera entre encender HIF en un tejido y empujar ese tejido hacia un tumor es real. De momento las aplicaciones del Protopterus son preguntas básicas, no tratamientos.

Lo raro no es que aguante: lo raro es que sepamos tan poco de cómo lo hace.

Compartir

Fuentes

6 referencias
  1. [1]
  2. [2]
  3. [3]
  4. [4]
  5. [5]
    Decreased heat sensitivity of lungfish TRPV1 revealed by the heterologous expression system · Biochemical and Biophysical Research Communications · 2023 · doi.org
  6. [6]

Preguntas frecuentes

3
¿Cuánto tiempo puede estar enterrado un pez pulmonado sin agua?
Los registros en laboratorio van de varios meses a algo más de un año en estivación continua, con casos puntuales de varios años en cautividad. En la naturaleza depende de cuánto dure la estación seca. Cuando vuelve el agua, el animal sale del capullo en cuestión de horas y reanuda su vida normal.
¿De verdad respira sin agua o solo aguanta más que otros peces?
Las dos cosas. El Protopterus ya es un pez de respiración aérea obligatoria, usa un pulmón funcional parecido al de los anfibios. En estivación, además, baja el consumo de oxígeno a niveles muy bajos y respira también por la piel, que se mantiene húmeda gracias al mucus del capullo. No es que no necesite oxígeno: es que lo necesita en dosis ínfimas.
¿Tiene aplicaciones médicas estudiar al Protopterus?
Todavía no hay una aplicación directa, pero el interés biomédico es claro: entender cómo aguanta el cerebro semanas con poco oxígeno, o cómo el corazón sigue latiendo con metabolismos mínimos, es una pista básica para investigar tolerancia a la isquemia y al infarto. De momento son hallazgos moleculares en animales, no terapias.

Sigue leyendo

Más de Ciencia