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Salud y Ciencia

Descubrimientos5 min de lectura

La hormiga Matabele cura heridas y baja la mortalidad del 80 % al 10 %

La hormiga Matabele cura heridas de sus compañeras: desatendidas, muere el 80 % en 24 h; tratadas, sobreviven casi todas. En heridas infectadas, la mortalidad baja un 90 %.

Revisión editorial

Revisado por el equipo de revisión de Salud y Ciencia.

Fechas

Publicado
Primer plano de una hormiga Matabele siendo lamida por una compañera en una herida abierta de la pata delantera, sobre suelo rojizo de sabana africana.
Primer plano de una hormiga Matabele siendo lamida por una compañera en una herida abierta de la pata delantera, sobre suelo rojizo de sabana africana.

En resumen6 claves

  1. 01Sin tratamiento, hasta un 80 % de las hormigas Megaponera analis heridas mueren en 24 horas; tratadas por sus compañeras, solo un 10 %.
  2. 02En 2023 se vio que aplican secreciones antimicrobianas de la glándula metapleural a las heridas infectadas, reduciendo la mortalidad hasta un 90 % frente a las desatendidas.
  3. 03Detectan la infección por cambios en los hidrocarburos de la cutícula de la herida, y así distinguen entre herida limpia e infectada para ajustar el tratamiento.
  4. 04Solo rescatan y tratan a las ligeramente heridas: las muy graves dejan de pedir ayuda y la colonia deja de invertir en ellas.
  5. 05El hallazgo cambia la idea de los insectos sociales como autómatas: hay diagnóstico, priorización y tratamiento diferenciado.
  6. 06Los antimicrobianos de la glándula metapleural son candidatos a inspirar nuevas moléculas frente a bacterias resistentes, pero no son fármacos.

La protagonista es la hormiga Matabele (Megaponera analis), una hormiga africana que vive en el suelo de sabanas y organiza cacerías en grupo contra termitas. En esas guerras, un porcentaje de los heridos muere en menos de un día si nadie los atiende. Cuando sus compañeras los curan, la mortalidad baja del 80 % al 10 %. Y el hallazgo más reciente va un paso más allá: además de curarlas, eligen un tratamiento distinto según la herida esté infectada o no.

Las termitas, un insecto armado con soldados que defienden la colonia mordiendo con fuerza, son su presa habitual. Cuando una columna de cientos de hormigas asalta un termitero, una parte vuelve al nido herida: patas seccionadas, antenas tronchadas, cutícula abierta. Las que peor acaban son las que un soldado agarró con sus mandíbulas y no soltó: les arranca extremidades.

Es ahí donde empieza el hallazgo que describe un equipo de la Universidad de Würzburg en dos estudios, uno de 2018 publicado en Proceedings of the Royal Society B y otro de 2023 publicado en Nature Communications.

Por qué casi todas las hormigas heridas sobreviven

En las observaciones de campo en Costa de Marfil, los autores siguieron varias decenas de raids de termiteros. Lo que vieron fue un patrón que se repetía. Cuando una hormiga resultaba herida durante el combate, sus compañeras no la abandonaban en la pista. Dos o tres obreras la agarraban por las patas y se la llevaban al nido, caminando hacia atrás o en formación.

Ya dentro del nido, otras hormigas se ocupaban de la herida directamente. La lamían con intensidad, un comportamiento que los autores llaman allogrooming intenso, y lo concentraban sobre el punto dañado. La sesión podía durar minutos. Y el efecto no era decorativo.

Compararon hormigas heridas que fueron tratadas con las que fueron separadas y dejadas sin atención. La diferencia fue enorme. Las atendidas murieron en un 10 % de los casos en las siguientes 24 horas. Las desatendidas, en un 80 %.

La causa más probable de la muerte, según los autores, no era la pérdida de sangre sino la infección. Las heridas abiertas en un suelo lleno de bacterias son una puerta de entrada para patógenos, y los insectos, como cualquier animal, sucumben rápido si no las controlan.

Cómo distinguen a quién rescatar y a quién dejar

No todas las heridas se curan. Hay un límite que las propias hormigas respetan. Si una obrera perdió cinco extremidades o más, sus compañeras no la rescatan. La explicación no es que no detecten a esa hormiga, sino que la propia hormiga herida deja de pedir ayuda. Se vuelve pasiva, no responde al contacto, no se agarra cuando otra intenta llevarla. En un nido donde los recursos son limitados, no invertir en una obrera que probablemente no sobrevivirá tiene sentido desde el punto de vista de la colonia.

Aquí aparece un detalle que los autores destacan como especialmente llamativo. Las hormigas ligeramente heridas, con una o dos extremidades perdidas, modifican su comportamiento según quién las mire. Cuando están solas se mueven con relativa normalidad. Cuando detectan a una compañera cerca, exageran su cojera, se dejan caer, levantan las patas heridas. Es una señal honesta, en el sentido de que no fingen estar peor de lo que están, sino al contrario: ajustan su comportamiento para que el grupo entienda que necesitan ayuda.

Lo que el equipo descarta es que sea la hormiga herida quien decide no pedir ayuda a las gravemente heridas. Lo que muestra el estudio es que la señal de pedido de ayuda es voluntaria, viene del herido, y se apaga cuando la situación es ya insalvable.

El hallazgo de 2023: antimicrobianos a la carta

El segundo estudio, de 2023, responde a la pregunta que dejaba abierto el primero. ¿Qué tiene el allogrooming que reduce tanto la mortalidad? ¿Es solo limpieza mecánica o hay algo más?

Para responderlo, los autores repitieron el experimento pero comparando tres situaciones: herida limpia sin tratar, herida limpia tratada por una compañera, y herida infectada tratada por una compañera. La infección se provocaba aplicando Pseudomonas aeruginosa, una bacteria habitual en el suelo y patógena para muchos insectos.

El resultado fue claro. En heridas limpias, el allogrooming ya bastaba para mantener baja la mortalidad. En heridas infectadas, el comportamiento de las obreras cambiaba. Lamían la herida igual, pero además aplicaban sobre ella secreciones de una glándula que tienen en el tórax, llamada glándula metapleural. Es una estructura presente en muchas hormigas y conocida por producir compuestos antimicrobianos.

El equipo analizó qué contenían esas secreciones. Encontraron una mezcla de ácidos, compuestos antimicrobianos y proteínas con actividad contra bacterias. Cuando se bloqueó el acceso de las obreras a la herida infectada, la mortalidad de las heridas con Pseudomonas se disparó. Cuando se dejó actuar a las obreras, la mortalidad de las heridas infectadas se redujo hasta en un 90 % respecto a las heridas equivalentes desatendidas.

Es decir, no es solo que las hormigas Matabele limpien heridas. Es que parecen distinguir entre una herida limpia y una infectada, y adaptar el tratamiento.

Cómo saben si la herida está infectada

El estudio aporta una pieza clave sobre el diagnóstico. Los insectos se comunican y se reconocen en buena parte por los hidrocarburos que recubren su cutícula, una capa de ceras y aceites que es como su firma química individual. El equipo midió esa capa en hormigas con herida limpia y con herida infectada.

El perfil cambió de forma significativa cuando había infección. Aparecieron o se alteraron compuestos específicos. Eso abre la posibilidad, que los autores señalan como la más parsimoniosa, de que las obreras detecten el cambio de olor de la herida y, en función de eso, decidan si basta con lamer o si hay que aplicar además las secreciones de la glándula metapleural.

Lo que el estudio no aclara todavía es el mecanismo completo de esa decisión. Falta saber qué compuestos concretos de la mezcla cambian, cómo los detectan las antenas y las piezas bucales de la hormiga que asiste, y si hay un umbral a partir del cual el tratamiento se intensifica. Son preguntas abiertas, no respuestas.

Por qué importa más allá de la hormiga

Lo que hace este trabajo es mover de sitio una idea. Los insectos sociales, y las hormigas en particular, no son solo máquinas de comportamiento fijo. Rescatan, evalúan, priorizan, diagnostican y aplican un tratamiento distinto según el estado de la herida. Es un comportamiento que se parece más a una atención comunitaria que a un reflejo.

Para la biología evolutiva, la pregunta interesante es cuánto de esto es general. Hay otros insectos sociales, como ciertas avispas y abejas, que también retiran individuos dañados o muertos del nido para evitar patógenos. Lo que no se sabía hasta hace poco es que existiera este nivel de medicina interna diferenciada. Lo de Megaponera analis es, hasta donde se ha publicado, el caso mejor descrito de tratamiento antimicrobiano dirigido en un invertebrado social.

Y hay un ángulo aplicado. Los antimicrobianos que produce la glándula metapleural de las hormigas son objeto de interés como fuente de nuevas moléculas frente a bacterias resistentes. Se ha explorado su espectro antimicrobiano en otros trabajos del grupo, y las secreciones de esta especie ya habían mostrado actividad frente a cepas de Pseudomonas. No son fármacos: son pistas químicas que pueden orientar el diseño de otros.

Es investigación básica en hormigas, no en humanos. Y, si se busca inspiración para nuevas moléculas antimicrobianas, conviene mirar también dentro de una hormiga, no solo en el suelo del bosque o en el fondo del mar.

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Fuentes

3 referencias
  1. [1]
    Wound treatment and selective help in a termite-hunting ant · Proceedings of the Royal Society B · 2018 · doi.org
  2. [2]
  3. [3]

Preguntas frecuentes

5
¿Qué es la hormiga Matabele y dónde vive?
Megaponera analis es una hormiga africana que caza termitas en grupo en sabanas. Sus soldados de termitas le arrancan extremidades a las atacantes, por eso ha desarrollado un sistema de rescate y curación de heridas.
¿Cómo curan las heridas las hormigas?
Las compañeras llevan a la herida al nido y la lamen con intensidad. En heridas infectadas además aplican secreciones antimicrobianas de la glándula metapleural.
¿Cómo saben si una herida está infectada?
La infección altera el perfil de hidrocarburos de la cutícula. Las obreras detectan ese cambio químico y eligen un tratamiento más intenso.
¿Rescatan a todas las hormigas heridas?
No. Solo a las ligeramente heridas. Las que pierden cinco extremidades o más dejan de pedir ayuda y la colonia deja de invertir en ellas.
¿Sirven estos antimicrobianos para personas?
No. Son investigación básica en hormigas. Pueden orientar el diseño de nuevas moléculas, pero no son fármacos disponibles ni se ha probado su uso en humanos.

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