El indicador mayor guía a cazadores de miel en Esuatini
Un estudio de 2025 con 83 personas en Eswatini documenta la caza de miel recreativa con el indicador mayor, el ave que guía a humanos hasta colmenas.
Revisado por el equipo de revisión de Salud y Ciencia.

En resumen
- El indicador mayor (Indicator indicator) guía a los humanos hasta colmenas a cambio de cera, uno de los pocos mutualismos bien documentados entre un ave y personas.
- Las señales para comunicarse con el ave incluyen golpes de hacha en la madera, silbidos y, a veces, frutas huecas; el repertorio varía entre regiones.
- Premiar al ave con cera es clave: los cazadores temen que un encuentro futuro con un animal peligroso sea «castigo» si no la recompensan.
- La práctica está cayendo por educación y pérdida de hábitat, pero los autores prevén que sobreviva porque ya es sobre todo recreativa, no económica.
El ave que no quiere tu miel, pero sí tu cera¶
En el sur y el este de África existe una alianza poco habitual: un pequeño pájaro pariente lejano de los pájaros carpinteros, el indicador mayor (Indicator indicator), lleva a una persona hasta un nido de abejas salvajes. La persona rompe el nido, se queda con la miel y, si todo va bien, deja al ave la cera y las larvas. Es uno de los pocos mutualismos bien descritos entre un ave y el ser humano, y en 2025 un equipo internacional publicó el primer estudio detallado de cómo funciona en el Reino de Esuatini, un país pequeño encajado entre Mozambique y Sudáfrica.
El trabajo, publicado en Proceedings of the Royal Society B, recoge entrevistas con 83 cazadores de miel y apicultores y observaciones de una cacería real. Lo que cuenta cambia la imagen exótica que se suele vender: la mayoría de quienes practican esto son chicos jóvenes que pastorean ganado, lo aprenden de otros chicos, y la mayoría lo hace por gusto, no por necesidad.
Qué es exactamente el "indicador de miel"¶
El nombre se lo ha ganado a pulso. Cuando un indicador mayor localiza una colmena escondida en la copa de un árbol, empieza a emitir una llamada característica y a hacer vuelos cortos en una dirección, parándose a esperar. Si el humano lo sigue, el ave reanuda el vuelo. Si se acerca demasiado, se aleja. Es una coreografía que cuesta ver si no se ha visto antes, pero que cualquier cazador de la zona reconoce a la primera.
Lo interesante es lo que el ave busca. No le interesa la miel, que no digiere bien, sino la cera de las celdas del panal. Y las larvas de abeja, una fuente de proteína poco habitual en la dieta de un pájaro. El humano, a cambio, tiene algo que el ave no tiene: fuego para ahumar a las guardianas y un hacha para abrir el árbol. Sin esa tecnología, la colmena es inaccesible. La división del trabajo no podría ser más limpia. Para localizar el árbol adecuado, el ave se apoya en sentidos afinados por las aves durante millones de años, como la detección del campo magnético terrestre que la proteína criptocromo 4 permite.
Lo que midieron en Esuatini¶
El equipo de Jessica van der Wal, del FitzPatrick Institute de la Universidad de Ciudad del Cabo y el Max Planck Institute for Biological Intelligence, se desplazó a Esuatini con dos preguntas: ¿la caza de miel con el indicador mayor sigue viva allí?, y ¿cómo se transmite de generación en generación? Las respuestas tienen miga.
Lo que encontraron fue lo siguiente:
- La práctica sigue siendo habitual, pero sobre todo entre jóvenes. De los 83 informantes, la mayoría eran hombres que habían aprendido de chicos, mirando a otros chicos. La figura del "anciano que enseña al nieto" existe, pero no es la vía principal.
- Las señales que usan para llamar al ave no son rituales fijos. Van desde el golpe de un hacha contra un tronco hasta silbidos, frases cantadas o, en algunos casos, frutas huecas y objetos de plástico adaptados como reclamo. La creatividad manda.
- Recompensar al ave con cera, larvas o un poco de miel no es opcional en la cultura local. Quienes no lo hacen explican que, si vuelven a salir al monte, se encontrarán con un animal peligroso: una serpiente, un búfalo, un jabalí. Lo cuentan como un aviso del propio pájaro. Sea o no superstición, funciona como un mecanismo cultural que sostiene la reciprocidad.
- El declive existe. Más escolarización, más trabajo asalariado y pérdida de arbolado están reduciendo la práctica. Pero los autores no la ven en peligro inminente: ya es recreativa, no económica, así que le basta con que la gente quiera seguir haciéndola.
Este último punto es el que más llama la atención. Casi siempre se asume que las tradiciones humanas vinculadas a la naturaleza desaparecen cuando dejan de ser necesarias para comer. Aquí, los datos sugieren lo contrario: el mutualismo sobrevive porque el incentivo ya no es el estómago, sino el rato con los iguales en el monte.

Cómo se comunican (y por qué cuesta estudiarlas)¶
Una línea de trabajo distinta del equipo que lleva años estudiando los honeyguides en África, publicada en 2025 en Ecology and Evolution, usa cientos de interacciones seguidas en Mozambique y muestra que la señal acústica del ave y la respuesta humana están tan acopladas que cuesta separarlas. Cuando el ave calla, el cazador se detiene; cuando el ave cambia de dirección, el cazador gira. La danza es bidireccional, ajustada por aprendizaje repetido.
El mismo equipo ha empezado a documentar algo aún más raro: que los indicadores mayores a veces guían a humanos hacia animales que no son abejas. Su conclusión: lo más probable es un "fallo de memoria espacial" del ave, que recuerda el lugar pero olvida lo que hay. Que el cazador lo interprete como castigo, como aviso o como favor ya es cultura humana. Lo importante es que el ave no lo está haciendo a propósito.
Lo que aún no sabemos¶
Tres cosas siguen abiertas:
- Por qué unas poblaciones de indicadores cooperan y otras no. El mutualismo está bien descrito en Mozambique, Tanzania y ahora Esuatini, pero falta en grandes zonas de África occidental. ¿Es por las aves, por las personas, por las abejas o por los árboles?
- Cómo aprende el ave a guiar. La hipótesis de aprendizaje social entre aves lleva años circulando, pero los datos de campo que la confirmen son escasos. La cultura del pájaro, en sentido estricto, sigue sin estar bien mapeada.
- Qué pasa cuando el mutualismo se rompe. El equipo está probando qué ocurre si una comunidad deja de cazar miel durante años: ¿el ave olvida a los humanos como aliados, como pasó con otras especies tras colapsos ecológicos? Las primeras observaciones sugieren que la respuesta no es obvia.
Por qué importa más allá de la curiosidad¶
Una alianza de este tipo sirve a los biólogos como modelo para entender cómo dos especies, sin lenguaje común, llegan a cooperar de forma estable. El indicador mayor y el humano han estado ajustando sus señales durante miles de años. Lo que se pierda de esa cultura en las próximas décadas no se va a poder recuperar. Por eso, más allá de la foto simpática, estos trabajos en Eswatini y Mozambique son un registro de algo único: uno de los pocos casos en los que la evolución ha producido un acuerdo entre un ave y una persona. La cooperación animal, eso sí, no es excepcional: también se da entre individuos de la misma especie, como en el caso de la hormiga Matabele que trata heridas a sus compañeras y reduce la mortalidad del nido del 80 al 10 %.
Fuentes
- Recreational honey-hunting with honeyguides in the Kingdom of Eswatini · Proceedings of the Royal Society B · 2025 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- To Bees or Not to Bees: Greater Honeyguides Sometimes Guide Humans to Animals Other Than Bees, but Likely Not as Punishment · Ecology and Evolution · 2025 · pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- African Honeyguides project site (University of Cape Town & University of Cambridge) · African Honeyguides · 2026 · africanhoneyguides.com


