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Salud y Ciencia

Ciencia5 min de lectura

Chimpancés que se automedican: 17 muestras de 13 especies

Un estudio analizó 17 muestras botánicas de 13 especies consumidas por chimpancés y midió la actividad de sus extractos en el laboratorio.

Revisión editorial

Revisado por el equipo de revisión de Salud y Ciencia.

Fechas

Publicado
Chimpancé sentado en el suelo del bosque, sujetando con los dedos una hoja oscura antes de llevársela a la boca.
Chimpancé sentado en el suelo del bosque, sujetando con los dedos una hoja oscura antes de llevársela a la boca.

En resumen4 claves

  1. 01Un estudio en Budongo (Uganda) recogió 17 muestras de plantas que chimpancés comen en comportamientos atípicos: masticar corteza seca, arrancar la médula de madera muerta, tragarse el helecho entero cuando hay herida, y las llevó al laboratorio.
  2. 02Varias de esas plantas son nutricionalmente pobres y amargas: por sí solas no aportan casi alimento, así que la hipótesis de automedicación es la que mejor encaja con la observación.
  3. 03Los extractos de Khaya anthotheca y del helecho Christella parasitica bloquearon la COX-2 con valores potentes (IC50 0,55 y 0,81 µg/mL), un ensayo típico de antiinflamatorios en cultivo celular.
  4. 04En 2022 se describió por primera vez que chimpancés del parque nacional de Loango (Gabón) se aplican insectos vivos sobre sus propias heridas y sobre las de otros, en 22 episodios registrados.

El hallazgo de Budongo: 17 muestras de 13 especies

En 2024, un equipo de la Universidad de Exeter y del Budongo Conservation Field Station publicó en PLOS ONE un trabajo que une la observación de campo con pruebas de laboratorio. Molieron las muestras, prepararon extractos y midieron su actividad antiinflamatoria y antimicrobiana.

Algunas de esas plantas eran nutricionalmente pobres y podían contener sustancias bioactivas tóxicas. En ciertos casos, se planteó que esos recursos podían tener un uso medicinal. Sin embargo, los chimpancés las buscan, las manipulan con cuidado y las comen en pequeñas cantidades. El grupo las llama «plantas medicinales putativas», dentro de la disciplina conocida como zoofarmacognosia, la automedicación animal.

El detalle clave del trabajo de campo es separar dos cosas: la automedicación preventiva (comer la planta por rutina, quizá como protección) y la terapéutica (comerla cuando el animal se ve enfermo o herido). Esa frontera es la que la disciplina lleva 40 años intentando dibujar.

Composición cenital de tres muestras vegetales: corteza oscura amarga, fronde de helecho con rizoma y hoja áspera doblada, sobre superficie neutra.
Muestras recogidas en Budongo: corteza amarga, médula de madera muerta y helechos que los chimpancés ingieren en comportamientos atípicos.

Qué midieron los extractos en el laboratorio

Para salir de la especulación, el equipo molió cada muestra, preparó extractos en metanol-agua y los sometió a ensayos estándar:

  • Actividad antiinflamatoria: midieron la inhibición de la COX-2 (ciclooxigenasa 2), la misma diana del ibuprofeno. Los extractos más potentes bloquearon la COX-2 con valores de IC50 de 0,55 µg/mL (corteza y resina de Khaya anthotheca) y 0,81 µg/mL (helecho Christella parasitica).
  • Actividad antimicrobiana: enfrentaron los extractos a cepas de laboratorio para ver si frenaban el crecimiento de bacterias intestinales y cutáneas habituales.

Los datos más llamativos llegaron de la corteza de Khaya anthotheca, un árbol muy común en Uganda. No es de las plantas favoritas de los chimpancés: cuando la comen, lo hacen rápido y de forma selectiva. El extracto metanol-agua de la corteza y la resina frenó la COX-2 con un IC50 de 0,55 µg/mL.

El helecho Christella parasitica fue consumido por un único individuo herido de la comunidad. Es la segunda vez que se documenta este comportamiento con este helecho. Los autores sugieren que la textura y los compuestos del rizoma podrían tener un efecto calmante sobre la piel dañada.

Tragar no es lo único: insectos sobre las heridas

En 2022, un grupo del Centro Osnabrück de Primates y del Parque Nacional de Loango (Gabón) publicó en Current Biology 22 episodios en los que chimpancés salvajes se aplicaban insectos vivos sobre heridas propias y, en tres casos, sobre las de otros.

Los insectos eran atrapados, presionados contra la herida y luego liberados o ingeridos. Es la primera observación de este tipo en primates no humanos. Enlaza con la línea que Michael Huffman abrió en los años 90 en Mahale (Tanzania), donde se describió la ingestión de hojas amargas de Vernonia amygdalina con fines antiparasitarios.

Combinado con Budongo 2024, este segundo trabajo refuerza una idea: la automedicación en chimpancés no se reduce a «tragarse algo raro». Es un repertorio con varias herramientas, cada una asociada a una dolencia:

  • Plantas amargas para expulsar nematodos intestinales (parásitos).
  • Corteza dura y resinosa para tratar inflamaciones.
  • Insectos vivos sobre heridas propias y ajenas.
  • Hojas ásperas tragadas enteras, que arrastran físicamente a los gusanos.

Esa diversidad obliga a descartar la explicación simple: que eligen plantas al azar porque saben amargas. Los patrones están separados por dolencia y por modo de uso.

Cómo se comprueba que sea automedicación y no casualidad

La crítica clásica al campo es que cualquier primate que come algo raro parece automedicarse.

  1. La planta no aporta valor nutricional significativo.
  2. Se consume solo cuando hay signos de enfermedad o herida.
  3. La consumen varios individuos del grupo, no solo uno aislado.
  4. El extracto vegetal muestra actividad contra la dolencia observada en el laboratorio.

El trabajo de Budongo cumple el criterio 1 (plantas nutricionalmente pobres), el criterio 4 (actividad COX-2 medida) y, en parte, el criterio 3 (la conducta aparece en dos comunidades). El criterio 2 es el más difícil: distinguir la automedicación preventiva de la terapéutica exige marcar qué animal tiene síntoma y cuándo decide comer la planta.

Es el mismo reto que enfrenta la automedicación humana con plantas. La frontera entre «tengo un problema y tomo algo» y «tomo algo cada día por si acaso» también se mueve en nuestra cultura: vitaminas, infusiones, preparados de plantas medicinales sin receta.

No es un comportamiento exclusivo de los chimpancés

La automedicación se ha descrito en muchas especies. Algunos ejemplos verificados:

  • Osos pardos en EE. UU. frotan su pelaje con raíces de una planta con acción insecticida.
  • Lobos y perros salvajes consumen pasto, una conducta que se interpreta como purgante.
  • Elefantes asiáticos muertos por mastitis fueron vistos comiendo corteza de un árbol con compuestos antimicrobianos conocidos.
  • Loros de Nueva Zelanda ingieren tierra arcillosa que neutraliza alcaloides tóxicos de su dieta.
  • El koala que vive casi solo de eucalipto tóxico depende de citocromo P450 y de un microbioma intestinal especializado para detoxificar lo que a otros mamíferos les resultaría letal.
  • Bonobos del parque Salonga (R. D. del Congo) se tragan enteras hojas de Manniophyton fulvum, una euforbiácea que también usan humanos para purgarse.

La hormiga Matabele aplica secreciones antimicrobianas a las heridas de sus compañeras y baja la mortalidad del 80 % al 10 %. La pieza cambia la idea de que la «medicina» sea exclusiva de los vertebrados: hasta los insectos sociales diagnostican, priorizan y tratan.

El patrón se repite en escalas muy distintas del árbol de la vida. Lo que cambia es la herramienta: hojas, cortezas, arcilla o insectos vivos.

Lo que todavía no sabemos

Tres preguntas siguen abiertas:

  • Si los chimpancés saben que se están curando. Las observaciones son compatibles con un aprendizaje social (las crías ven hacerlo a su madre y lo replican) y con una decisión individual. No hay un experimento que cierre la cuestión.
  • Cuánto tarda en hacer efecto comer una corteza. Los estudios miden actividad en cultivo celular. Cómo se absorbe, metaboliza y distribuye esa mezcla en un chimpancé real es otra historia.
  • Si protege a la larga. Los seguimientos longitudinales de individuos concretos son cortos. No sabemos qué pasa con los chimpancés que dejaron de tomar esas plantas.

Para los humanos, la pregunta más interesante es la inversa: ¿podemos aprender algo de ellos? Algunos extractos merecen ensayos clínicos controlados para evaluar toxicidad, dosis y eficacia, pero no son medicamentos en sí. La frontera entre «pista farmacológica» y «remedio casero» se cruza sin permiso cada vez que alguien populariza una planta como si la comiera un mono. Estudios como el de Budongo empiezan por mapear qué se come y por qué. El resto es química y ética.

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Fuentes

3 referencias
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Preguntas frecuentes

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¿Los chimpancés saben que se están curando?
Es la pregunta abierta. Los estudios observacionales son compatibles con un aprendizaje social transmitido de generación en generación, pero todavía no hay un experimento que cierre la cuestión.
¿Esos mismos compuestos sirven para personas?
Aún no se ha confirmado con ensayos clínicos, y la dosis, vía y toxicidad son distintas. La pista apunta a que algunos extractos podrían inspirar nuevos fármacos, pero no son medicamentos en sí.
¿Lo hacen otros animales?
Sí: se ha descrito en osos, elefantes, loros, lobos y varios primates africanos y asiáticos. En muchos casos lo hacen con insectos vivos o con hojas de textura áspera.

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