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Salud y Ciencia

ActualidadHipertensión4 min de lectura

La inflamación crónica se asocia a un 43 % más de infarto e ictus

Estudio en 488.079 adultos del UK Biobank: la inflamación crónica medida por GlycA se asocia a un 43% más de infarto e ictus y a cambios silenciosos del corazón.

Artículo validado por

Marina Sarrias, Médica

Col·legi Oficial de Metges de Barcelona · nº 64943

Fechas

Publicado
LáminaTrazado de electrocardiograma: cada complejo corresponde a un latido.

En resumen5 claves

  1. 01La inflamación crónica más alta se asocia a un 43 % más de riesgo de infarto e ictus en 488 079 adultos del UK Biobank.
  2. 02Las personas con más inflamación tienen corazones con paredes más gruesas, cavidades más pequeñas y peor llenado. Son cambios que pueden aparecer años antes de los síntomas.
  3. 03La inflamación está ligada al estrés, al nivel socioeconómico, al tabaquismo y al exceso de grasa corporal. La genética no lo explica todo.
  4. 04Es un estudio observacional: muestra asociación, no causalidad, y el 43 % es un riesgo relativo calculado entre los extremos de la muestra.
  5. 05Dejar el tabaco, controlar el peso y manejar el estrés sigue siendo la vía más realista hoy para bajar la inflamación y cuidar el corazón.

Qué se ha descubierto

La inflamación crónica de bajo grado, asociada al estrés y a las circunstancias de vida, puede ir modificando el corazón en silencio durante años. Esto ocurre antes de que aparezca cualquier síntoma.

Así lo plantea un nuevo estudio publicado en el European Journal of Preventive Cardiology, que ha analizado datos de casi 480 000 adultos del Reino Unido. Las personas con los niveles más altos de inflamación presentaron un 43 % más de riesgo de infarto e ictus que las del extremo opuesto. Su corazón mostraba, además, señales de remodelado: paredes más gruesas, cavidades más pequeñas y peor capacidad de llenado.

Lo principal del estudio

La inflamación crónica no es una gripe mal curada. Es una activación de bajo nivel del sistema inmune que se mantiene semanas, meses o años, sin que la persona lo perciba. En el estudio se midió con GlycA (glucoproteínas acetiladas), que refleja esa inflamación persistente.

Resonancia magnética cardíaca en una sala de radiología
Resonancia magnética cardíaca, la técnica que permitió ver los cambios estructurales del corazón.

Cómo se hizo el estudio

El trabajo forma parte del UK Biobank, una gran base de datos británica con medio millón de adultos. Para este análisis se usaron 488 079 participantes con perfiles metabolómicos (análisis de metabolitos en sangre) y proteómicos (análisis de proteínas) disponibles. Un subgrupo, además, se sometió a una resonancia magnética cardíaca.

Los investigadores combinaron tres tipos de información: mediciones de GlycA en sangre, imágenes del corazón por resonancia magnética y datos genéticos. Así pudieron ver a la vez cuánto marcaba la inflamación, cómo estaba el corazón por dentro y qué variantes genéticas tenía cada persona.

El estudio cruzó además factores sociales y de estilo de vida: nivel económico, situación laboral, antecedentes familiares, tabaquismo, grasa corporal y malestar psicológico. La investigación fue liderada por el MRC Laboratory of Medical Sciences y el Imperial College London, con financiación de la British Heart Foundation.

Qué significa y qué no

Los resultados encajan con una idea que gana fuerza: que el corazón se va «gastando» mucho antes de que llegue el primer infarto. Si la inflamación crónica ya está engrosando las paredes y reduciendo el llenado a los 40 o 50 años, hay una ventana para actuar a tiempo.

Pero hace falta leer bien los números. Se trata de un estudio observacional: muestra una asociación, no una relación causa-efecto. Que la inflamación y los cambios cardíacos vayan de la mano no prueba que una cause los otros. Podría haber otros factores detrás de ambos.

El 43 % es un riesgo relativo, calculado al comparar los extremos (el 20 % con más inflamación frente al 20 % con menos). En términos absolutos, el riesgo individual depende de muchos otros factores: edad, colesterol, presión arterial, tabaco o genética.

Contexto

La inflamación crónica ya se había relacionado antes con enfermedades como la diabetes, el cáncer o las dolencias reumáticas. En cardiología, cada vez se la considera una pieza más del puzle junto al colesterol alto, la hipertensión o el tabaquismo. Estos factores cardiometabólicos que suelen coincidir en la misma persona se potencian entre sí y disparan el riesgo.

El estudio aporta algo nuevo: la resonancia magnética cardíaca permite ver cómo está el corazón por dentro, antes incluso de que aparezcan los síntomas. Eso abre la puerta a detectar antes a personas con daño subclínico, es decir, sin manifestaciones externas. Otras líneas de investigación habían apuntado en la misma dirección en enfermedades crónicas como la insuficiencia renal o las autoinmunes.

También coincide con lo que se sabe del estrés crónico y con lo que muestra un trabajo reciente sobre cómo el estrés crónico cambia el corazón en silencio durante años: vivir con presión económica, laboral o familiar sostenida se asocia a peor salud cardiovascular. En el estudio, la inflamación estaba ligada al nivel socioeconómico y al malestar psicológico. Esto sugiere que el estrés de la vida diaria deja una huella medible en el cuerpo. Y que el riesgo cardiovascular no se reparte por igual.

Qué falta por saber

Faltan dos cosas clave. La primera, ensayos que prueben si tratar la inflamación crónica reduce de verdad el riesgo de infarto. Algo que iría más allá del control del colesterol o la tensión. Hay fármacos antiinflamatorios en estudio, pero todavía no está claro cómo, a quién ni durante cuánto tiempo habría que darlos.

La segunda, marcadores más accesibles. GlycA no se pide en una analítica rutinaria. Si se confirman los resultados, habrá que decidir si conviene medirlo en personas con riesgo alto y con qué frecuencia.

Mientras tanto, los autores insisten en lo que ya se sabe y se puede hacer. Las recomendaciones son dejar de fumar, mantener un peso saludable, moverse a diario y atender la salud mental. Son hábitos que bajan la inflamación y, de paso, cuidan el corazón, como recuerda esta guía de hábitos que más protege el corazón.

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Fuentes

2 referencias
  1. [1]
    Gene–environment interactions shape cytokine-mediated inflammation and cardiovascular risk · European Journal of Preventive Cardiology · 2026 · doi.org
  2. [2]

Historial de cambios

1

Revisamos el artículo cuando cambia la evidencia. Estos son los cambios de fondo registrados.

  1. Ampliación

    Corregimos el titular para reflejar que el estudio es observacional y muestra asociación, no causalidad. También añadimos los datos clave y retiramos una nota d

Preguntas frecuentes

3
¿Cómo sé si tengo inflamación crónica?
La inflamación crónica de bajo grado suele pasar desapercibida. El marcador GlycA usado en el estudio no se pide en una analítica rutinaria, así que no se detecta con un análisis de sangre estándar. Lo razonable es hablar con tu médico sobre los factores de riesgo (tabaco, peso, estrés) y mantener un chequeo periódico.
¿Reducir la inflamación crónica previene el infarto?
El estudio muestra asociación, no prueba que tratar la inflamación directamente baje los infartos. Aun así, las medidas que reducen inflamación (dejar de fumar, perder peso, moverse, dormir bien, tratar el estrés) ya están recomendadas porque cuidan el corazón.
¿Se puede revertir el daño del corazón por inflamación?
Con los datos disponibles no se puede afirmar. Los autores describen cambios estructurales (paredes más gruesas, cavidades más pequeñas) que sugieren remodelado y resaltan la importancia de actuar antes de que el daño se acumule. Ante cualquier síntoma cardíaco conviene consultar al médico.