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Salud y Ciencia

Nutrición8 min de lectura

Cuándo basta la dieta y cuándo hace falta un suplemento de vitaminas

Qué hacen las vitaminas y los minerales, en qué alimentos están y cuándo vale la pena un suplemento según la evidencia.

Artículo validado por

Andrea Deganutti, Licenciada en Nutrición

Registro Federal de Profesionales de la Salud de Argentina (REFEPS)

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Encimera de cocina con verduras frescas, frutas, frutos secos y cereales bajo luz natural.
Encimera de cocina con verduras frescas, frutas, frutos secos y cereales bajo luz natural.

En resumen5 claves

  1. 01Una dieta variada suele aportar las vitaminas y los minerales que necesita la mayoría de las personas.
  2. 02Las frutas, las hortalizas, las legumbres, los frutos secos, los cereales, los lácteos, los huevos y otros alimentos ofrecen distintas combinaciones de micronutrientes.
  3. 03Los suplementos pueden ser útiles en situaciones concretas, pero no sustituyen una alimentación adecuada ni son necesarios por sistema.
  4. 04El riesgo de carencia aumenta con algunas enfermedades, dietas restrictivas, problemas de absorción y determinadas etapas de la vida.
  5. 05Antes de tomar un suplemento conviene revisar la situación con un profesional sanitario, sobre todo durante el embarazo o si se toman medicamentos.

Las vitaminas y los minerales son micronutrientes: el organismo los necesita en cantidades pequeñas, pero sin ellos no funcionan bien el metabolismo, los huesos, los músculos, las defensas ni el sistema nervioso. La mayoría de las personas los obtiene con una alimentación variada. Los suplementos no son una mejora automática de la dieta ni sustituyen a los alimentos.

Qué son las vitaminas y los minerales

Las vitaminas son compuestos orgánicos que el cuerpo necesita para realizar distintas funciones. Algunas pueden almacenarse durante un tiempo y otras deben obtenerse de forma regular a través de la alimentación. Se dividen de forma general en dos grupos: las liposolubles (A, D, E y K) y las hidrosolubles, como la C y las del grupo B.

Las vitaminas liposolubles se absorben con las grasas. Pueden acumularse, así que un exceso sostenido puede dar problemas. Las hidrosolubles se eliminan mejor, pero eso no las hace seguras en grandes cantidades.

Los minerales son elementos inorgánicos. Entre los más conocidos están el calcio, el hierro, el magnesio, el zinc, el yodo, el potasio y el selenio. Algunos se necesitan en cantidades relativamente grandes; otros, en cambio, apenas dejan huella. La diferencia entre macrominerales y oligoelementos es solo de cantidad, no de importancia.

Las necesidades no son iguales para todos. Varían con la edad, el sexo y el embarazo, y también con la actividad física, el estado de salud y la capacidad de absorber nutrientes.

Para qué sirven las vitaminas y los minerales

Cada micronutriente tiene varias funciones y trabaja junto a otros nutrientes. No existe una vitamina o un mineral que por sí solo mantenga la salud general.

La vitamina A interviene en la visión, la piel y el funcionamiento normal de las defensas. Se encuentra en alimentos como los huevos, los lácteos y algunos pescados. Las hortalizas de color naranja y verde oscuro aportan carotenoides, que el organismo puede transformar en vitamina A en distinta medida.

Las vitaminas del grupo B participan en el metabolismo energético, en la formación de células sanguíneas y en el funcionamiento del sistema nervioso. La vitamina B12 está presente de forma natural sobre todo en alimentos de origen animal; también puede aparecer en productos enriquecidos. El folato, relacionado con la vitamina B9, se encuentra en legumbres, verduras de hoja y otros alimentos.

La vitamina C contribuye a la formación de colágeno y mejora la absorción del hierro presente en alimentos vegetales. Las frutas y hortalizas son sus fuentes principales.

La vitamina D ayuda a regular el calcio y el fósforo, por lo que interviene en la salud ósea y muscular. Algunos alimentos la contienen, aunque la exposición solar también participa en su producción. La cantidad que se forma depende de la estación, la latitud, la edad, el tipo de piel y las horas de sol, no solo de estar al aire libre. Tomar el sol más tiempo no es una recomendación general: también aumenta el daño cutáneo.

La vitamina K participa en la coagulación de la sangre y en procesos relacionados con los huesos. Se encuentra, entre otros alimentos, en verduras de hoja verde.

El calcio es necesario para los huesos y los dientes, además de participar en la contracción muscular y la transmisión nerviosa. El hierro interviene en la hemoglobina, que transporta oxígeno, y el yodo es necesario para fabricar hormonas tiroideas. El zinc contribuye a distintas funciones celulares y a la respuesta inmunitaria.

Estas funciones no significan que tomar más cantidad produzca más salud. Tanto la falta como el exceso pueden causar problemas.

Alimentos que aportan micronutrientes

La variedad es más útil que centrarse en un alimento “estrella”. Un patrón de alimentación saludable suele incluir frutas y hortalizas, legumbres, frutos secos, cereales (mejor si son integrales), aceite de oliva, pescado, huevos y lácteos o sus alternativas enriquecidas. También entran otras fuentes de proteínas.

Las legumbres aportan folato, hierro, magnesio, potasio y proteínas. El hierro vegetal se absorbe peor que el animal. Combinarlo con vitamina C en la misma comida ayuda a aprovecharlo.

Las frutas y las hortalizas son la principal fuente de vitamina C. Aportan también folato, potasio y carotenoides. La cantidad de cada vitamina depende del alimento, su variedad, su madurez, su almacenamiento y la forma de cocinarlo. Si las lavas y cocinas con cuidado, se conserva buena parte de sus nutrientes.

Los frutos secos y las semillas contienen magnesio, vitamina E y otros nutrientes, aunque también son alimentos con bastante energía. Los cereales integrales también aportan algo: entre otros, magnesio y zinc, además de vitaminas del grupo B.

Los lácteos son una fuente habitual de calcio y pueden aportar vitamina B12. Las bebidas vegetales no tienen necesariamente la misma composición: conviene comprobar si están enriquecidas y qué cantidad de nutrientes aportan.

El pescado puede aportar vitamina D, yodo, selenio y vitamina B12, según la especie. Los huevos también suman varios micronutrientes, entre ellos vitamina B12 y vitamina A. Una alimentación vegetariana o vegana puede ser adecuada, pero exige planificar bien las fuentes de determinados nutrientes y estar pendiente de los alimentos enriquecidos o de los suplementos que puedan estar indicados.

Cuándo puede aparecer una carencia

Una carencia puede deberse a una ingesta insuficiente, a una absorción deficiente o a un aumento de las necesidades. No siempre produce síntomas claros al principio. Y muchos de esos síntomas (cansancio, debilidad, cambios en la piel o problemas digestivos) tienen causas muy distintas. Por eso no es adecuado confirmar una deficiencia solo por los síntomas. Ni empezar a tomar suplementos sin una valoración.

El riesgo puede aumentar en personas con enfermedades digestivas o cirugías que afectan a la absorción, en quien consume mucho alcohol, en quienes siguen dietas muy restrictivas o tienen dificultades para acceder a alimentos variados. También puede ser mayor en algunas etapas concretas: embarazo, lactancia, infancia y vejez. Las necesidades concretas dependen de cada caso. La alimentación durante el crecimiento infantil condiciona qué nutrientes conviene priorizar en cada etapa.

Las personas que siguen una dieta vegana deben prestar especial atención a la vitamina B12, porque sus fuentes naturales se encuentran principalmente en alimentos de origen animal. En este contexto suele ser necesario recurrir a alimentos enriquecidos o a un suplemento, con orientación profesional.

El hierro merece una valoración individual. Las menstruaciones abundantes, el embarazo, algunas enfermedades y ciertas dietas pueden aumentar el riesgo de déficit. Tomar hierro sin necesidad puede causar efectos adversos. Y retrasa buscar la causa real de una anemia.

La vitamina D también puede ser baja en algunos grupos. El riesgo depende de factores personales y ambientales. Por eso no tiene sentido pautar la suplementación solo en función del tiempo al aire libre.

Suplementos: cuándo pueden tener sentido

Un suplemento puede estar indicado cuando existe una deficiencia confirmada, un riesgo elevado o una recomendación específica para una etapa de la vida. También puede utilizarse cuando una persona no puede obtener un nutriente mediante los alimentos por motivos médicos, dietéticos o de absorción.

Durante el embarazo hay recomendaciones específicas para algunos nutrientes, como el folato. La indicación depende del momento y de la historia clínica, así que debe consultarse con el equipo sanitario que lleva el embarazo. En la infancia, las necesidades varían según la edad y el tipo de alimentación.

Los suplementos no tienen todos la misma composición ni la misma calidad. Un mismo producto puede combinar varios nutrientes, incluir extractos vegetales o contener cantidades que no vienen al caso. La etiqueta permite conocer los ingredientes, pero no sustituye la valoración de un profesional cuando hay una enfermedad, un embarazo o medicación habitual.

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria fija valores de referencia y evalúa riesgos. Son cifras para orientar a la población, no una prescripción individual.

Riesgos de tomar demasiado

Más cantidad no equivale a mayor beneficio. Las vitaminas A y D se acumulan en el organismo y pueden causar toxicidad en exceso. El hierro, tomado sin necesidad, también resulta perjudicial. Y minerales como el calcio, el magnesio o el zinc dan problemas en cantidades elevadas. Entre otros efectos, interfieren en la absorción de otros nutrientes.

Algunos suplementos interfieren con medicamentos. La vitamina K, por ejemplo, puede ser relevante para personas que toman determinados anticoagulantes. Calcio, hierro, magnesio y zinc pueden alterar la absorción de algunos fármacos si se toman a la vez. La interacción depende del medicamento y de la situación de la persona.

Los productos vendidos como “naturales” no son necesariamente inocuos. Conviene recordar que las promesas de “detox” o depuración no se sostienen: el hígado y el riñón ya hacen ese trabajo. Además, los complementos alimenticios no pasan por el mismo proceso que un medicamento para demostrar eficacia frente a una enfermedad. Si se toma un suplemento de forma habitual, conviene informar al médico, farmacéutico o dietista-nutricionista.

Cómo valorar si la dieta cubre las necesidades

No hace falta contar cada vitamina en cada comida. Es más práctico observar la variedad a lo largo de los días y revisar si la alimentación incluye varios grupos de alimentos. También conviene limitar el espacio que ocupan los productos con mucha sal, azúcares libres o grasas saturadas, porque pueden desplazar alimentos más nutritivos.

Una valoración profesional puede ser útil si hay pérdida de peso no buscada, problemas digestivos persistentes, una dieta muy limitada, una enfermedad crónica, una cirugía digestiva o un tratamiento que afecte a la absorción. También si se está planificando un embarazo, hay embarazo o lactancia, o se quiere seguir una dieta vegana.

Una analítica puede confirmar algunas carencias, pero no todos los análisis comerciales sirven para evaluar el estado nutricional. Una analítica general bien indicada ayuda, y conviene revisar qué pruebas se recomiendan según la edad y los antecedentes. Luego la interpretación depende del nutriente concreto, los síntomas, la alimentación y los antecedentes.

Qué no está demostrado y cuáles son los límites

No está demostrado que tomar un multivitamínico prevenga por sistema las enfermedades en personas sanas que ya mantienen una alimentación adecuada. Tampoco hay pruebas sólidas para recomendar suplementos como forma general de aumentar la energía, mejorar las defensas o compensar una dieta desequilibrada.

Los estudios sobre suplementos pueden ofrecer resultados distintos según el nutriente, la cantidad, la duración y el grupo de personas analizado. Un resultado observado en personas con una carencia no se puede trasladar automáticamente a quienes tienen niveles normales. Del mismo modo, que un alimento contenga una vitamina no significa que un extracto concentrado produzca el mismo efecto.

Alimentación, actividad física, sueño, tabaco, alcohol, enfermedades y acceso a atención sanitaria influyen a la vez en la salud. Ninguno de esos factores va por separado. Aislarlos no explica nada. Las vitaminas son una pieza más del cuadro, igual que la longevidad según la evidencia actual depende de varias palancas combinadas, no de un único nutriente concreto. Son necesarias, sí. Pero no actúan como una protección aislada. Ante la sospecha de una carencia, o si estás pensando en tomar un suplemento, conviene revisar la situación contigo y con tu profesional sanitario.

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Fuentes

4 referencias
  1. [1]
    Vitaminas y minerales: información para consumidores · National Institutes of Health, Office of Dietary Supplements · web.archive.org
  2. [2]
    Vitaminas · MedlinePlus, Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos · medlineplus.gov
  3. [3]
    Vitamins and minerals · NHS · nhs.uk
  4. [4]
    Valores dietéticos de referencia para vitaminas y minerales · Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) · efsa.europa.eu

Historial de cambios

1

Revisamos el artículo cuando cambia la evidencia. Estos son los cambios de fondo registrados.

  1. Ampliación

    Fuentes actualizadas con sus enlaces oficiales.

Preguntas frecuentes

5
¿Una dieta equilibrada aporta todas las vitaminas y minerales?
En general, una alimentación variada puede cubrir las necesidades de la mayoría de las personas. Hay excepciones relacionadas con la edad, el embarazo, algunas enfermedades, las dietas restrictivas o los problemas de absorción.
¿Es mejor tomar un complejo de vitaminas por prevención?
No hay pruebas de que los complejos vitamínicos aporten un beneficio general a todas las personas que comen de forma adecuada. Los suplementos tienen sentido cuando existe una necesidad concreta o un riesgo identificado.
¿Qué alimentos contienen más vitaminas y minerales?
Depende del nutriente: las legumbres aportan hierro y folato; los lácteos, calcio; el pescado, vitamina D y yodo en cantidades variables; y las frutas y hortalizas, vitamina C, folato y otros micronutrientes.
¿Los suplementos pueden ser perjudiciales?
Sí. Algunas vitaminas y minerales se acumulan o interfieren con medicamentos cuando se toman en cantidades elevadas. La seguridad depende del producto, la cantidad y la situación de cada persona.
¿Cómo sé si me falta alguna vitamina?
No se decide por síntomas aislados. Se confirman con un análisis de sangre interpretado por un profesional junto con la historia clínica, la alimentación y la situación de cada persona.

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